UNA REVOLUCIÓN MORAL:
Democracia, Mercado y Bien Común
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Miguel Ángel Rodríguez Echeverría
Junio 1993


Prologo

Introducción
Una nueva situación, un nuevo mundo

Capitulo I
Centro América en el nuevo contexto mundial

Capitulo II
La democracia
Democracia como soberanía
La paradoja de la soberanía
Democracia como cambio pacífico
La democracia como discusión inteligente
Democracia participativa
Democracia como forma de gobierno
Medios y fines
Democracia y libertad
Democracia, economía de mercadeo y economía centralizada
Participación colaboradora
Participación competitiva
Democracia y ley
El estado de derecho
Desconcentración, descentralización, incentivos
Democracia, participación colaboradora y planificación

Capitulo III
Ajuste cultural y liberalización económica
Producción y eficiencia
Orden y constitución económica
Tipos de distorsiones
Efectos de las distorsiones
Ajuste estructural o liberalización económica
Las distorsiones naturales no justifican las artificiales
El ajuste estructural y los préstamos de ajuste estructural
Estabilidad y ajuste
Gradualidad y ajuste
El orden del ajuste
El orden del ajuste y los PAE
Los mecanismos del ajuste
El rostro humano del ajuste
El ajuste social

Capitulo IV
Solidaridad social
Coordinar lo económico y lo social
Principios generales de la solidaridad social

Los programas de ajuste y los pobres
Necesidad de un ajuste social
Educación
Salud, atención médica y centros hospitalarios
La red básica de Protección Social
Pensiones

A modo de conclusión
Lo ético y lo científico en la política económica

Bibliografía



Prologo

La suerte de este libro es poco común y en cierta forma extraordinaria, ya que aunque su autor es costarricense, la primera edición del mismo salió a luz en idioma ruso, traducido por la hispanista y famosa economista Agnesa Avílova. La presentación de este libro tuvo lugar en septiembre de 1992 en Moscú, organizada por la Embajada de Costa rica y el comité de Moscú por la Democracia y los Derechos Humanos. Gracias a los esfuerzos de este Comité fue posible la edición del libro en ruso, siendo este hecho un signo más de los nuevos tiempos en mi país. En el acto del lanzamiento estuvieron presentes personalidades de los círculos científicos de Moscú, de la prensa rusa e internacional.

Miguel Angel Rodríguez Echeverría, político y científico de espíritu juvenil y enérgico, que representa a un lejano país del continente americano, poco conocido en Rusia, expone sus ideas filosóficas y su concepción económica a la opinión de la intelectualidad rusa, la cual, como es conocido, posee una rica tradición cultural y científica.

Las ideas y conocimientos científicos no tiene fronteras. Sin embargo, los regímenes antidemocráticos y totalitarios imponen unas barreras que impiden la libre circulación no sólo de las nuevas ideas, sino también de la información científica. La terrible experiencia del pueblo ruso, que vivió bajo el régimen totalitario más prolongado y cruel, ha hecho que este pueblo, mejor que nadie, aprecie hoy la apertura al libre intercambio de ideas. De ahí que el lanzamiento del libro de un científico costarricense partidario del liberalismo y de la Doctrina Social de la Iglesia Católica -hecho común fuera de nuestras fronteras- se haya convertido el año pasado para nosotros, los que participamos y preparábamos el lanzamiento de este libro, en una muestra más de los cambios que suceden en nuestro país.

Yo pude leer el libro en español antes de contar con la traducción al ruso. Nuestra edición del libro tiene aspectos bastante modestos aunque atractivos. Quizá para el lector de la versión española resulte interesante una anécdota sucedida durante la preparación de este libro para su edición rusa. No encontrábamos ningún retrato de calidad de Miguel Angel en la Embajada de Costa Rica en Moscú. Así que el diseñador del libro, el pintor moscovita Dimitri Mujin, tuvo que dibujar a lápiz un retrato del autor, basándose en una pequeña foto familiar de Rodríguez Echeverría. Ahora, desde la carátula del libro, nos mira un hombre sonriente, con una expresión abierta en los ojos, que transmite una ironía bondadosa y nos permite intuir el carácter de su pensamiento.

No nos sentimos desilusionados ni al conocer personalmente al autor, ni al leer su libro. Pienso que el lector hispanohablante tampoco se sentirá defraudado con el contenido de la obra. Complejos problemas socioeconómicos y filosóficos del mundo contemporáneo, en rápido proceso de cambio y de integración creciente, se exponen en forma muy clara, aunque algo didáctica e idealista.
Han desaparecido los bloques que representan a ideologías antagónicas, las cuales aún ayer luchaban por la hegemonía militar en el mundo, destrozándolo. Pero continúan existiendo y transformándose poderosos bloques económicos. Perdura y no puede ser superada a corto pueblos del mundo. Si mismo, es evidente la desigualdad entre los Estados y pueblos que se encuentran cada uno en diferentes niveles de su desarrollo histórico , económico y social.

¿Cómo conjugar el crecimiento económico con la justicia social? ¿Cuál es la interrelación de la economía de mercado y la democracia política? Estos son los interrogantes que, con toda agudeza, se imponen también ante nuestra sociedad.

El autor expones sólidos argumentos, proponiendo al lector su propio punto de vista sobre la esencia de la democracia política y el curso hacia la liberalización económica, orientada hacia la disminución de la fuerza hipertrofia, con la cual el Estado interviene en la economía así en la organización de la vida sociopolítica de los ciudadanos. Altos principios morales motivan al autor cuando trata (y , en gran parte, logra) de encontrar fórmulas generales, que permitirían, siempre en condiciones de economía de mercado y de democracia, orientar la política social hacia el bienestar y paulatinamente atenuar la pobreza. Siendo, como hemos dicho, partidario convencido del liberalismo y de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, Rodríguez Echeverría nos propone también sus reflexiones sobre la correlación de lo científico y lo ético en la esfera social.

"Me gustaría - escribe en su prólogo para la edición rusa - que mi libro pusiera su grano de arena en establecer en Rusia la democracia y la economía de mercado" Hoy podemos afirmar ya que el autor ha alcanzado este no tan modesto propósito. A pesar de que Rusia está pasando por un período de enormes dificultades económicas y financieras, lo cual supone evidentemente muchos problemas a la hora de divulgar cualquier publicación, esta obra del científico y político costarricense encuentra lectores en mi país. Gracias a los esfuerzos de la Embajada de Costa Rica en Moscú, el libro está en manos de todos los diputados de nuestro Parlamento y muchos funcionario de la administración del Presidente. Se puede encontrar también en muchas bibliotecas científicas y en las cátedras de la Universidad Lomonósov, en la Fundación Gorbahov y en otros institutos docentes de Moscú.

Pero el hecho más estimulante todavía reside en el verdadero interés que demuestran hacia el libro los nuevos empresarios, cooperativistas y organizadores de la nueva economía rusa.

Un pequeño, pero significativo ejemplo. Hace poco recibí una llamada de una lejana ciudad del Ural (Náberezhniye Chelní) del presidente de la Federación de Cooperativistas de Rusia, Valeri Pisiguín, a quien había regalado unos ejemplares del libro al concluir el lanzamiento. Este me pidió que mandáramos una parte del tiraje al Ural, ya que el libro despertó un gran interés en los empresarios de esta región.

¿Por qué la gente en Rusia, sobre todo los jóvenes que quieren establecer lo antes posible en mi país los principios de la economía de mercado y la democracia política, están interesados en este libro? Pienso que esto se debe ante todo, al hecho de que se encuentran en él, valores universales del conocimiento y de la experiencia humana acumulada, así como nociones sobre los problemas claves que se imponen a aquellos países que tratan de practicar simultáneamente los principios de la economía de mercado y la integración en la economía mundial con los postulados de la democracia política, de la justicia social y de la moral de la solidaridad humana. Precisamente estos temas son objeto de una discusión apasionada en nuestro pueblo, el cual ha emprendido esfuerzos verdaderamente heroicos para pasar del régimen totalitario a la democracia, de la economía absolutamente monopolizada por el Estado comunista - opresor de los valores humanos -, hacia la reconstrucción de los principios humanitarios universales, incluyendo los Derechos Humanos reconocidos en la Declaración de la ONU, así como las tradiciones nacionales, culturales y espirituales del pueblo ruso.

Sucede que en los análisis periodísticos, incluso en la literatura científica, han aparecido últimamente muchos intentos de casi identificar a Rusia con países del Tercer Mundo, sobre todo con los latinoamericanos. En mi opinión, la mayor parte de estas analogías resulta superficial y poco convincente; no sólo por que Rusia es un país eurasiático, con su propia historia, cultura y tradiciones sino sobre todo porque casi un siglo de régimen comunista ha destruido los principios de la propiedad privada, de la iniciativa individual y de la responsabilidad, así como todo germen de sociedad civil.

Sin embargo, a pesar de la especificidad de nuestra experiencia histórica, existe una serie de características que se dan tanto en la realidad rusa actual como en la latinoamericana, en particular todo lo relativo al proceso de construcción de un Estado de derecho.

Por ejemplo, el problema de la correlación entre democracia, soberanía de la mayoría y legalidad constitucional. Apoyamos la idea del autor según la cual las normas constitucionales son "el resultado de la evolución natural de la sociedad". Y al revés, cuando la legislación surge como un convenio entre grupos de personas par resolver un problema particular, ésta incumple las reglas generales y transgrede al poder soberano del pueblo. Aquí en Rusia nos encontramos ante la necesidad de elaborar una Constitución nueva y ello en un momento histórico de crisis política aguda, que pone al desnudo la confrontación entre tendencias reformadoras y conservadoras en el seno de los altos órganos del poder. El país se encuentra en una compleja situación de empate por la lucha abierta entre las dos ramas del poder; por un lado, el Ejecutivo representado por el actual Gobierno y el Presidente Yeltsin, elegido libremente por el pueblo por primera vez en la historia de Rusia, y por otro, el Legislativo en manos de un Parlamento dominado por la nomenclatura del caduco sistema administrativo de mando, heredado del comunismo.

Todo el mundo apela a la antigua Constitución, todos la recortan a su manera y gusto, a pesar de que la mayoría de la población es consciente de la necesidad de adoptar una ley básica, nueva en esencia, que reflejaría la "evolución natural de la sociedad". También la mayor parte de la población quiere conseguir una transición pacífica y constitucional hacia el nuevo sistema. Son precisamente los cimientos de una nueva Constitución y de un cambio pacífico de Rusia del postcomunismo a la democracia, lo que estaba tratando de formular nuestro gran compatriota, laureano del Premio Nobel, el académico Sájarov, poco antes de su muerte inesperada. Son pretender establecer comparaciones exageradas, algunas de las páginas del libro de Miguel Angel Rodríguez orientan nuestra reflexión en esa misma dirección.

Se podría hacer un listado bastante bastante largo de las tareas y los problemas expuestos en el libro y que resultan actuales no solamente para mi país, sino también para muchos Estados iberoamericanos; la construcción del Estado de Derecho, una regulación equilibrada del poder estatal, que asegure una armonía entre los intereses individuales y el bienestar común.

Es evidente que este libro no aporta respuestas definitivas a estos eternos y muy complejos problemas, de la misma manera que no existe la verdad absoluta. El autor lo sabe y no pretende eso. Su objetivo es más modesto y concreto; esbozar el desafío histórico ante el cual se encuentran nuestros pueblos, nuestros políticos y economistas, analizar lo que está dentro de nuestras posibilidades para avanzar en el camino de la democracia y del progreso social.

Dra. en Ciencias Políticas, investigadora del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales, Academia de Ciencias De Rusia.


Introducción

Una nueva situación, un nuevo mundo

En los últimos diez años el ritmo de los cambios en el mundo ha sido vertiginoso y altamente positivo. En Asia, Africa y América Latina el respeto a los derechos humanos se ha extendido y los esfuerzos por lograr un crecimientos económico con equidad social empiezan a dar sus primeros y exitosos frutos. En Europa los mercados se integran y la democracia política se abre paso en sociedades hasta hace poco gobernadas por dictaduras.

Esta sucesión de hechos cambió geopolíticamente la faz del planeta y casualmente coincidió con los intentos de crear una Europa unida en una comunidad económica y política con objetivos y fines comunes. Al mismo tiempo se da la consolidación de las economías recientemente industrializadas del Pacífico, lo que hace resaltar el dinamismo de la libertad en la esfera económica.

Todo lo anterior nos plantea un mundo donde el concepto de "globalización" se convierte en instrumento irrenunciable de interpretación. El orbe se integra y los países toman conciencia de que, o siguen el curso de la historia y se insertan en la sociedad mundial, o ésta los dejará atrás condenados a privaciones y retrasos. Pero la inserción no acontece con igual velocidad para todos los países. Algunos grupos se integran más aceleradamente formando bloques competitivos y dinámicos.

La capacidad económica y creativa de las naciones determina los nuevos centros de poder y es así, en atención a esta realidad, como explicamos la formación de poderosos bloques económicos en el planeta. El área pacífico-asática, la Comunidad Económica Europea, la zona de libre comercio del Norte de América, la nueva Europa del Este, Rusia y la comunidad de Estados Independientes en los territorios de la otrora Unión soviética, son claros ejemplos del futuro de la balanza de poder mundial.

La liberación de Europa Central y Oriental y de lo que fuera la URSS abre enormes posibilidades para la inversión de la Comunidad Económica Europea. de Estados Unidos y de Japón, quienes podrán hacer crecer el capital humano de esos países, su infraestructura material y su desarrollo cultural.

En la Cuenca del Pacífico, la integración económica se inició hace ya varios años. Las inversiones japonesas en el resto del sudeste asiático, las enormes reservas monetarias de Taiwan y corea, el nivel de ahorro de esos países, su apertura al comercio y la inversión, hacen previsible un gran desarrollo productivo y comercial entre esas naciones.

Por su parte, Canadá se integra con los Estados Unidos y con México, u las inversiones japonesas y europeas continúan explotando las estables reglas de juego en los Estados Unidos.

El mundo del ayer, dividido en bloques ideológicos antagónicos que competían por la hegemonía militar, ha desaparecido, pero surgen bloques económicos que los reemplazan. La posibilidad de edificar realidades constructivas y pacíficas donde la auténtica solidaridad entre las naciones sea la tónica de las relaciones internacionales representa, hoy, una oportunidad singular en la historia de la humanidad. Pero no constituye aún un hecho; los racionalismos no críticos amenazan la paz y la convivencia pacífica.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué hechos relevantes han hecho posible este momento que ahora vivimos? Deseo referirme al acontecimiento más importante en la historia social y económica del siglo XX que posibilitó la consolidación de la situación apuntada; a saber: la desaparición del socialismo real y la desintegración del movimiento comunista internacional.

Hace 30 años, en 1962, manifesté que "la economía de dirección central carece de un medio racional de cálculo que le permita asignar en forma óptima los recursos de que dispone, a fin de satisfacer al máximo las necesidades de la comunidad. Bien sean los objetivos sociales determinados por una interrelación de las apreciaciones de los distintos entes económicos, o por una decisión arbitraria del planificador central, es imposible el cálculo económico en el sistema, y la probabilidad de alcanzar los mejores resultados es mínima"(1)

Ya en 1920 Ludwinbg von Mises, con claro conocimiento de la economía y acertada visión histórica, había señalado que el socialismo no podía funcionar por carecer de posibilidad de calculo económico. En aquella época era generalizado el pesimismo con el que se preveía el futuro de la libertad y de la economía de mercado. "Un núcleo importante de seres humanos - escribí en mi libro "El mito de la racionalidad del socialismo" -cree encontrar en la dirección central del progreso y desarrollo para las distintas comunidades. Es lugar común, en nuestros días, considerar que el sistema caótico y anárquico de la no planeada economía de mercado, debe verse sustituido por la dirección racional y científica de un plan global, en el que se contemplen las distintas necesidades del país y se especifiquen los medios apropiados para satisfacerlas"(2)

La tribu primitiva podía concentrar todo su conocimiento en su organización jerárquica. Todos podían compartir el conocimientos disponible y las reglas que determinaban el orden de sus necesidades no eran diferenciales de las reglas que señalaban regularidad de la naturaleza. La asignación de unas pocas tareas a sus miembros resultaba faena elemental para la organización tribal de planificación central. Pero en el siglo XX estas funciones difícilmente se pueden concebir como factibles en una familia, y son totalmente imposibles de ejecutar a escala de una nación. Pero a primera vista la inercia histórica hacía aparecer como evidente la mayor eficiencia de una sociedad conscientemente coordinada desde un único centro de poder.

El desarrollo de la cultura y de los conocimientos multiplicó las alternativas disponibles para cada persona, y el establecer prioridades entre las necesidades adquiere mil formas diferente. Cada persona posee sólo muy parcialmente el conocimiento que se encuentra distribuido y fragmentado entre todas las personas . Es más, ni siquiera todo el conocimiento es potencialmente transferible. Mucho conocimiento es inarticulable porque corresponde a lo que resultó de ciertas acciones sin que podamos explicar ese resultado.

Este tema del conocimiento inarticulable y sus consecuencias es tratado por Don Lavoie.(3) El ejemplo clásico es el de conducir una bicicleta : sabemos cómo hacerlo, pero no podemos explicar las relaciones de pesos, curva y velocidad necesarias para lograrlo. De la misma manera, en un mercado, nosotros sabemos cómo ir tratando de descubrir la función de costos con la que operamos, haciendo distintas combinaciones de los factores de producción, observando distintas combinaciones de los factores de producción, observando distintas tecnologías, viendo los precios que se dan en el mercado y tratando de establecer algunos aspectos de esa curva de costos. Pero nunca algunos aspectos de esa curva d4e costos. Pero nunca conocemos la curva de costos, ni nunca sabemos exactamente cómo explicarles a los demás el modo de obtener esa información, y el modo de hacer uso de ello. La curva de costos, con la que trabajamos los economistas, no existe para el empresario. Lo que hace el empresario es irla descubriendo todos los días mediante tanteo y error. De manera que no se puede transferir el conocimiento de los costos del empresario, porque no existe en forma articulada.

Además el hombre vive y crea en medio de su ignorancia. Ignorancia sobre las reglas físicas y sociales que vislumbramos mediante la ciencia; ignorancia con respecto al futuro y al cambio; ignorancia delos hechos concretos, vitales par el resultado de nuestras acciones. La ignorancia impide la centralización del conocimiento. Pero además la ignorancia crea incertidumbre. A cada acción, no corresponde un resultado único, sino que este depende del estado de la naturaleza en que se dé; es decir, de las acciones naturales y de los otros hombres que acompañan nuestra propia acción. Y la incertidumbre hace que la centralización de la acción y la centralización del descubrimiento sean ineficientes.

Si en consecuencia es imposible centralizar el conocimiento y dañino centralizar la acción, ¿cómo será entonces posible escoger ante la multiplicidad de necesidades jerarquizables y la limitación de los medios versátiles para satisfacerlas? Pero debemos escoger porque es patente que los hombres nos desenvolvemos en la escasez. Los medios, aunque sean múltiples, son limitados; en cambio las necesidades son ilimitadas. El tiempo de nuestra vida es limitado.¡, los medios materiales son finitos, como también lo son los recursos personales. La escasez nos obliga a escoger: ¿Cómo usar el tiempo? ¿Cómo utilizar los recursos materiales? ¿Cómo emplear nuestras fuerzas y conocimientos?

La ignorancia y el vivir en el tiempo son las causas principales de la escasez.

De lo anterior se evidencia la necesidad de escoger la imposibilidad de centralizar el conocimiento para escoger. Por ello, si escogemos centralizadamente lo estamos haciendo sin usar todo el conocimiento disponible.

El marxismo leninismo pretendió establecer en una sociedad del siglo XX, la organización centralizada propia de la tribu primitiva. El resultado fue la quiebra de su sistema económico.

Esta es la irracionalidad que llevó al fracaso del socialismo como sistema económico. Espontánea y evolutivamente, sin el diseño previo de ninguna persona ni comité, la sociedad ha venido resolviendo este problema de elegir mediante el establecimiento de marcados libres y competitivos. En el mercado, del intercambio libre basado en valoraciones y conocimientos individuales surge el sistema de precios, que es a la vez el conjunto de señales que permiten coordinar los planes individuales.

La planificación central distorsiona e impide el funcionamiento del mercado, y la valoración de los bienes finales, de los bienes intermedios y factores de la producción depende del imperio del planificador y no del conocimiento de cada agente económico, de sus valoraciones y de las limitaciones del medio. El planificador pretende pero no puede centralizar todo el conocimiento disponible para tomar las decisiones de qué producir, cuánto de cada cosa producir, y cómo producirlas, y por consiguiente su decisión no puede basarse en la información disponible. Pero incluso si pudiese centralizar la información, el planificador central tendría que escoger unas pocas alternativas para cada acción, y la incertidumbre hace que se den mayores posibilidades de acertar y copiar los aciertos cuando se abren más centros de experimentación, más oportunidades de tanteo y error.

Así las cosas, el sistema económico de planificación central, típico del socialismo, es inferior al mercado porque impide la libre valoración y la libre acción de cada una de las personas y establece una jerarquización burocrática que atenta contra la dignidad del ser humano

Es inferior al mercado porque no utiliza toda la información disponible para llegar a decisiones. Es inferior al mercado por que no provoca la creación de nuevos conocimientos mediante la utilización de los mecanismos de tanteo y error. Es inferior al mercado porque no establece mecanismos de incentivos que lleven a las personas a dar voluntariamente más de aquello que mejor pueden hacer para los demás, y así alcanzar mayor satisfacción de sus necesidades personales. Vale la pena ahondar en estas dos últimas consideraciones

La superioridad de la participación competitiva en el mercado, par la resolución de los problemas económicos, se fundamenta en su potencialidad para liberar las energías creativas de cada ser humano y aumentar sus conocimientos. El mercado, por ser el sistema más acorde con el orden espontáneo, permite el cumplimiento más acorde con el orden espontáneo, permite el cumplimiento más natural de la vocación de los seres humanos para la iniciativa creadora; y, por ello, para el progreso siempre dentro de las limitaciones del conocimiento, que no es un bien fijo, medido y limitado.

El poder creador de la acción humana se expresa, fundamentalmente, en la capacidad de descubrir y en el aumento del conocimiento a disposición de la sociedad. Por eso, cuanto más centros de experimentación existan, mayores posibilidades hay de acertar, de encontrar una mejor manera de hacer las cosas usuales, o de emprender nuevas faenas.

La experiencia histórica ha venido a mostrar, mejor que cualquier libro, que la planificación central es irracional. Porque el sistema de toma de decisiones no funciona. No basta tener una alta inversión. Se requiere tener una inversión eficiente y un sistema económico que funciones. Pero en un sistema centralizado de asignación de recursos y determinación de precios, no existen condiciones de propiedad que permitan operar al mercado y a las empresas, y se está en las puertas de un posible estallido inflacionario.

Ahora bien, el socialismo fracasó no sólo como sistema económico, sino también como sistema político y como propuesta moral. Como sistema político propuso en Estado Totalitario donde un único centro de poder condicionaba la evolución institucional e ideológica de la sociedad y excluía del proceso de toma de decisiones a los ciudadanos organizados en entidades no oficiales. De este modo violentó las libertades políticas del ser humano y creó una dictadura sistemática y represiva.

En el ámbito de la moral ofreció una doctrina autoritaria que abandonaba el valor de la libertad y enfatizaba hasta el extremo las dimensiones materiales de la vida humana, consultando los derechos espirituales de las personas y cerrándoles premeditadamente el camino de la fe en Dios.

El libro que ahora presento al lector centroamericano, cuya primera edición en idioma ruso se publicó en Moscú en 1992, sigue una secuencia temática que, desde la perspectiva de la libertad y la democracia, aborda las tres áreas en las que fracasó el socialismo: la política, la económica, la solidaria y la moral.

De conformidad con lo anterior, los objetivos que me propongo son los siguientes:

1. Señalar las características básicas de un sistema político democrático.
2. Plantear los lineamientos generales de las políticas de liberalización tendentes a establecer un sistema económico basado en la propiedad privada y la competencia, que elimine las distorsiones introducidas por el exceso de intervencionismo estatal.
3. Mostrar los vínculos que unen las instituciones de la económica de mercado con las instituciones de la democracia política.
4. Formular los lineamientos generales que, en el marco de la economía de mercado y de la democracia política, deben regir las políticas sociales tendentes a la promoción del bienestar y la superación de la pobreza.
5. El libro concluye con algunas consideraciones acerca de la relación entre ciencia y ética en el seno de las políticas económicas.

La parte correspondiente a la concepción de la política social toma como base de reflexión la realidad social costarricense y centroamericana, fundamentando simultáneamente la universalidad de los principios generales de la acción solidaria.
Al presentar la edición en idioma ruso manifesté que era mi interés que la presente obra contribuyera a los esfuerzos por consolidar la democracia y la economía de mercado en Rusia y divulgar en esa gran nación la realidad contemporánea de una pequeña sociedad de Centro América. Costa Rica, que a pesar de sus grandes avances en la construcción de una democracia política estable y desarrollada, debe realizar grandes esfuerzos por establecer una economía de mercado eficiente y una solidaridad social más justa que promueva la libertad y la dignidad de todas las personas.




Capítulo I

Centro América en el nuevo contexto mundial


En una sociedad que respeta los derechos humanos, la eficiencia económica generada por mercados abiertos y la existencia de instituciones sociales y políticas que garanticen ampliar las oportunidades y la igualdad ante la ley en el marco de un Estado Democrático de derecho, son hechos que permiten augurar un crecimiento económico que difunda el bienestar social a todos los miembros de la comunidad.

Por el contrario, cuando el crecimiento es obtenido generando privilegios y protegiendo artificialmente a determinados grupos de la población, tal y como ha ocurrido en Centro América, entonces se construyen sociedades fragmentadas, cuyas poblaciones encuentran muy disimiles posibilidades de acceso a la educación y la cultura, y son conducción del Gobierno. Ventajas para algunos y frustración para las mayorías, violencia y muerte, son el fruto político de tal modelo económico y social.

Resultado de ese modelo es la pobreza que sigue sofocando a la mayoría de la población centroamericana. Pobreza en ingreso y riqueza. Pobreza en oportunidades y poder. Pobreza que se asienta en los privilegios otorgados a unos pocos cerrando alternativas a la gran mayoría.

En lo político y a pesar del gran avance hacia la democracia logrado en el área, aun quedan restos de violencia, el disfrute de la libertad es restringido y el grado limitado. En el campo social, la educación básica no esta el alcance de toda la población, la educación intermedia carece da la calidad mínima requerida y la superior solo esta al servicio de una élite. Los elementos mínimos para la salud(agua potable, tratamiento de desechos, vacunaciones, eliminación de portadores de enfermedades. atención médica básica) sólo cubren a un sector minoritario de los habitantes. Los sistemas de seguridad social no se han universalizado ni generalizado.

Los grupos marginados en los campos y en las ciudades carecen de la mínima preparación para incorporarse a una fuerza de trabajo moderna. En hacinamiento del tugurio se convierte en escuela de delincuencia. La enorme cantidad de familias con madres solas dificulta la incorporación de la mujer al trabajo fijo y la educación de sus hijos para el mundo actual. En algunos barrios marginados, los delincuentes son los únicos que ofrecen ejemplos de éxito.

En lo económico, el proteccionismo industrial y la sustitución de importaciones desviaron la inversión hacia los pequeños mercados internos, adormecieron la fuerza de la competencia, nos aislaron de los mercados mundiales y limitaron la capacidad de innovación e iniciativa de nuestros empresarios. Todo ello, en un tiempo en que provocaba recurrentes crisis fiscales y de balanza de pagos.

La producción agrícola para el alto consumo mantiene en la pobreza y en el atraso técnico a miles de agricultores y el peso de la protección a otros sectores impide un mayor desarrollo de la agricultura tradicional de exportación. Sin un mayor desarrollo tecnológico y educativo no podremos incorporarnos a los mercados mundiales, salvo sobre la base de la miseria de los trabajadores.

Frente a la unión de los poderosos y ante la fragilidad centroamericana, la región encara retos que, de no superarse, nos sumirán en la miseria.

Debemos aumentar la producción para poder disponer de mayor cantidad de bienes y servicios para todos; debemos destinar recursos para la educación, para que la cultura se generalice, el conocimiento aumente y el capital humano agrande y modernice nuestras economías; tenemos que mejorar la atención de la salud y universalizar la seguridad social; debemos resolver los problemas del tugurio, de la desnutrición y del abandono de menores, inválidos, ancianos y minusválidos; requerimos abrir las estructuras culturales a la creatividad, la competencia y la innovación; necesitamos abrir las posiciones y las decisiones políticas y colectivas a las iniciativas de todas las personas.

Estos son los muros que nos separan del desarrollo. Sin embargo, para enfrentarlos tenemos recursos escaso. <ignoramos cuáles son los mejores medios para alcanzarlo, el tiempo se nos escapa y las dificultades persisten. ¿Cómo distribuir nuestra posibilidades entre las demandas de la producción, de los bienes públicos y de la cultura? ¿Cómo enfrentar, con segmentos de la población no integrados al siglo XX, las demandas del siglo XXI? ¿Cómo avanzar para garantizar la libertad y los derechos humanos a todos? ¿Cómo fortalecer una democracia amplia y participativa, al tiempo que se establecen garantías y seguridades para la inversión y la producción? ¿Cómo dominar la violencia, establecer mecanismos pacíficos y civilizados para el cambio y dar, a la vez, seguridad a los ciudadanos y a las naciones?

Para economías pequeñas en población área y desarrollo, el crecimiento de los mercados industrializados ofrece amplias posibilidades. La incorporación al comercio mundial de áreas antes excluidas nos permite presagiar un crecimiento del comercio que ofrece oportunidades para nuestras exportaciones y demanda nuevas realidades. Sería un error imperdonable contentarnos con recuperar la unión del mercado centroamericano separarnos del resto de la Américas.

Nuestra ubicación geográfica nos coloca en un punto de intersección de los grandes bloques de naciones desarrolladas y nos permitirá competir por la inversión y la tecnología de empresas pequeñas o personales, a las cuales podemos ofrecer condiciones adecuadas para su desarrollo.

El avance de la democracia nos permite construir sobre el diálogo y no destruir en el enfrentamiento ciego; no desperdiciemos el hecho de que la apertura de los antiguos países socialistas y la modernización de sus estructuras nos liberaron del influjo "revolucionario" de sus armas.

Sin embargo, considero que en América Latina nos estamos quedando atrás. A veces, parece que avanzan más rápidamente las economías que hace sólo dos años fueron comunistas en Europa Oriental, con el agravante de que los cambios que debemos realizar en nuestras sociedades, aunque muchas veces traumáticos y duros, no son tan extraordinariamente complicados como sí ocurre en aquellos países. Esto nos debe llevar a una reflexión importante sobre la relación entre las crisis sociales y el nacimiento de una capacidad para cambiar en las sociedades. En efecto, la experiencia reciente de Europa Central y del Este, así como de las Repúblicas de la ex-Unión Soviética, muestra que las comunidades humanas cuando enfrentan a serias y profundas crisis sociales, económicas y políticas , son capaces de generar inmensas fuerzas transformadoras y liberadoras que obtienen en poco tiempo lo que a otras sociedades les lleva muchas décadas.

En Centro América hemos vivido y vivimos aún una crisis económica importante, muchos son los desequilibrios que deben ser superados. Ante esos problemas los avances alcanzados en la construcción de democracias políticas dinámicas y consolidadas son razón suficiente para mirar con optimismo la erradicación de nuestras actuales dificultades económicas. Sin embargo, necesitamos generar fuerzas creativas capaces de innovar y de abrir "espacios" nuevos al desarrollo de nuestros pueblos, porque si no podemos responder a las necesidades de los tiempos que corren, si no combinamos los objetivos valiosos que tenemos con mecanismos eficientes para alcanzarlos, nos convertiremos en simples observadores del progreso ajeno.

Las presentes dificultades económicas y sociales, así por alcanzar el desarrollo, deben ser acicates suficientes para generar entre nosotros la creatividad, la innovación la valentía y la decisión, adecuadas a las nuevas coordenadas de la historia.

Se trata de que las economías centroamericanas recorran el sendero de la liberalización de sus estructuras económicas, de tal modo que puedan enrrumbarse hacia un estilo de crecimiento de la producción y de distribución de la riqueza sin las artificiales distorsiones que el exceso de intervención gubernamental en las asuntos económicos produjo en el pasado.

Capitulo II
La Democracia

Democracia como soberania

Tradicionalmente, desde los filósofos griegos, hablamos de democracia en función de quién debe gobernar. Karl Popper agrupa las teorías que parten de la respuesta a esa pregunta bajo el nombre de "teorías de la soberanía": teorías que consideran el poder como ilimitado y para las cuales determinar quién es el soberano es lo importante. Dentro de esta concepción se acepta la democracia como soberanía del pueblo, soberanía de la mayoría.

"En las naciones donde reina el dogma de la soberanía del pueblo, cada individuo participa igualmente en la soberanía y en el gobierno de Estado".

"Se considera, pues, a cada individuo tan inteligente, virtuoso y fuerte como cualquier otro de sus semejantes. ¿Por qué obedece entonces a la sociedad y cuáles son los límites naturales de esa obediencia? Obedece a la sociedad, no porque sea inferior a quienes la dirigen, o menos capaz que otro de gobernarse a sí mismo; obedece a la sociedad porque la unión con sus semejantes le parece útil y porque sabe que esta unión no puede existir sin un poder regulador".(4)

A la pregunta de a quién compete el poder del Estado, responde la democracia que al pueblo. Esto significa que el poder político sólo es legítimo cuando tiene por titular la voluntad del pueblo y, además implica que debe ser el pueblo quien ejerza el mando estatal, por sí mismo o por representación. A eso se debe la regla de la mayoría como método de la democracia.

La paradoja de la soberanía

Kark Popper afirma que esta concepción de la democracia como soberanía involucra una contradicción. Si la mayoría es soberana, ¿puede ésta determinar que uno solo mande? Si la mayoría quiere establecer la dictadura, ¿qué debe prevalecer: la soberanía de la mayoría o la dictadura? Popper explica:

"Todas las teorías de la soberanía son paradójicas. Por ejemplo, podemos haber seleccionado el gobierno de los más sabios o de los mejores. Pero los más sabios en su sabiduría pueden encontrar que no ellos sino los mejores deben gobernar, y los mejores en su bondad pueden decidir que la mayoría debe gobernar. Es importante notar que incluso la teoría de la soberanía que demanda el gobierno de la ley puede ser igualmente objetada Esto, en efecto, se Heráclito: "La ley también puede demandar que se obedezca la voluntad de un hombre ".(5)

Democracia como cambio pacífico

Así explica Popper la llamada paradoja de la soberanía. Tratando de resolver esta paradoja el mismo Popper propone que la democracia se conciba como un sistema para evitar la dictadura, la tiranía, y divide los gobiernos en dos tipos: gobiernos de los cuales la sociedad se pueda deshacer sin tener que recurrir a la sangre y a la violencia; y aquellos que sólo se pueden deponer por una revolución exitosa. En los primeros existen procedimientos establecidos para que los ciudadanos se puedan deshacer de ellos. Un sistema que, a través de los siglos hemos desarrollado con ese fin que pareciera es el que mejor funciona, es el de elecciones generales: el de saber que en determinados períodos aquellos encargados del gobierno van a dejar de ejercerlo.

En las áreas de competencia que se le haya asignado al gobierno van a ser los gobernantes los que tomen las decisiones durante su período de gobierno. Esto hace que sea conveniente, para evitar la violencia, establecer plazos y sistemas para su ejercicio del mando.

Los otros sistemas de gobierno son aquellos de los cuales sólo nos podemos deshacer por medio de la violencia, lo que implica en elevado costo humano. Por ello, para Popper, la definición de la democracia como un gobierno que permite un cambio no violento de gobernantes es, además de una definición operativa, una verdadera justificación de esta forma de gobierno, que no es ilimitado pues debe organizarse para que incluso gobernantes malos o incompetentes no puedan hacer daño alguno.

La democracia como discusión inteligente

Sin descartar la tesis de soberanía en cuanto regla de la mayoría ni la teoría de Popper en cuanto a cambia pacífico, prefiero una tercera definición basada también en la forma de ser del gobierno. La democracia es una forma de organización, es una respuesta a ¿cómo ordenar el poder político? Y no una respuesta a las finalidades de la sociedad.

Continuando con esta discusión, Hayek, en "Los fundamentos de la libertad", insinúa otra definición de democracia que me parece muy adecuada y rica en consecuencias. Señala: "La democracia por encima de todo es un proceso de formación de opinión"(6). De lo anterior puede derivarse que la democracia es un sistema de discusión libre e inteligente para llegar a soluciones por la regla de la mayoría.

La democracia considerada como gobierno mediante discusión libre e inteligente descansa en asambleas deliberativas que sean representantes del pueblo. El axioma general de la conducta humana es que no es sabio actuar, a menos que la acción se pueda basar en creencias razonables, escogidas críticamente entre posibles opciones. Para ello es necesario que opiniones diversas se puedan confrontar y que los nuevos puntos de vista de pocos, puedan llegar a ser la opinión de la mayoría. De aquí que la sociedad democrática deba nacer y desenvolverse como producto de la deliberación. El principio fundamental de la igualdad de todos los hombres ante la ley, exige que todos ellos tengan la misma participación en la confección de las leyes. Esta es otra de las características de la democracia, que la hacen ser el medio de organización política más compatible con las metas de la sociedad.

Democracia participativa


Para que de una discusión salgan acuerdos y para que las partes concurrentes a ella lleguen a alguna conclusión, es indispensable que puedan participar, que puedan tener y puedan ejercer el derecho de contribuir con sus puntos de vista a la toma de decisiones. Así la participación emerge como toro elemento, también constitutivo de la democracia.

Si para que la democracia pueda funcionar se requiere que haya libertad, que haya participación, la democracia constituye un sistema de toma de decisiones cuyo ejercicio conduce al establecimiento de una sociedad libre,

Libertad y estructuras parcipativas que aseguren la intervención de los ciudadanos en la solución de los asuntos de interés común, más allá de los procesos electorales, son esenciales para desarrollar una sociedad democrática fuerte y dinámica.

Es por ello que la libertad y la participación, como elementos circunstanciales a la democracia, están presentes en la forma de organizar el poder para el funcionamiento de una sociedad democrática. Y esta organización requiere, para que mantenga tal característica, a la par de la aplicación de ese método, la adopción de una determinada estructura y unas específicas características. A la vez, la organización del poder también va a configurar un tipo de economía, ya que no todo tipo de economía es compatible con la sociedad democrática.

Lo anterior puede parecer un lugar común y puede pensarse que realmente concluir en que la democracia implica una determinada organización del poder y una determinada forma de economía compatibles con la libertad y con las posibilidades de participación de los miembros de esa sociedad, no es haber avanzado mucho, porque lo que se ha logrado es sólo exprimir rasgos inherentes al concepto de democracia. Y estricta y racionalmente así es.

En lo político, lo económico, lo social y lo cultural una sociedad participativa será aquella en la que los individuos, las familias, las comunidades de vecinos, de estudiantes, de trabajadores, e empresarios y otras, así como las territoriales, participan directa y libremente en la toma de decisiones que los afecten.

En el marco de una verdadera sociedad participativa, quienes gobiernen no deben alterar los derechos y la libertad de los ciudadanos, ni imponer metas arbitrarias o diseñar con soberbia los métodos para alcanzarlas, porque ello impide la experimentación y el descubrimiento como posibilidades de acción por parte de cada persona, la suma de las cuales ha de contribuir a la eficiencia y al progreso de todos.

Por ello, todo sistema de participación debe comenzar por el respeto al principio de subsidiariedad, Según éste, la solución de los problemas debe quedar a cargo de la unidad más pequeña capaz de afrontarlos: primeramente el individuo, después la familia, luego la sociedad voluntaria, en seguida el barrio, distrito y provincia y sólo en último grado la nación. La unidad próxima más grande debe dedicarse a resolver esos problemas sólo cuando la más pequeña no está en condiciones de hacerlo. Y es que los problemas pueden ser mucho mejor resueltos cuando las soluciones están en manos de quienes los afrontan de manera directa y son, por ello, quienes más los conocen. Modificar este esquema es menoscabar la libertad y responsabilidad personales.

Democracia como forma de gobierno

La democracia como forma de gobierno está constituida por instituciones y no por contenidos. Los objetivos, la ideología, son los que señalan el qué del gobierno. La forma determina el cómo gobernar. Pero sin el cómo, sin las instituciones que lo respaldan, sin la forma, no podríamos en modo alguno buscar los objetivos mediante un gobierno democrático. Es imposible pensar en democracia sin elecciones libres, representación de la minoría, universalidad del derecho al voto, garantías de libre participación electoral y de libre organización política, autoridades electorales independientes y respeto a los resultados del sufragio, libertad de expresión y división de poderes. Por ello constituye un grave error caer en la confusión de atacar los elementos formales de la democracia. La tarea es, más bien, la de ininterrumpidamente promover el perfeccionamiento de estos elementos formales que constituyen la democracia como forma de gobierno. La forma de gobierno nos permite, por su medio, luchar por las grandes metas de libertad, justicia, paz solidaridad y desarrollo.

"La teoría de la democracia afirma Popper- no se basa en el principio de gobierno e la ,mayoría; más bien los métodos igualitarios de control democrático tales como elecciones generales y gobierno representativo deben considerarse simplemente como instituciones de salvaguardia frente a la tiranía, bien probadas y efectivas para enfrentar la tiranía, pero siempre sujetas a ser mejoradas y que incluso contienen métodos para su propio perfeccionamientos".

Cuando se pretende asignar un único contenido ideológico a la democracia, ésta pierde la posibilidad de ser pluralista, y se dificulta que las diversas ideologías busquen el apoyo de la mayoría para realizar sus proyectos políticos. Se hace entonces imposible a las minorías luchar, dentro de las instituciones democráticas, por convencer de sus puntos de vista y aglutinar una nueva mayoría. Se vuelve entonces imposible el cambio pacífico y se impide la discusión libre e inteligente que permita llegar a decisiones mediante la regla de la mayoría. Se frena el progreso que surge del debate. La consecuencia de los ataques a las formas de la democracia es, en última instancia, el totalitarismo de quién o quiénes imponen a una sociedad sus concepciones como las únicas válidas.

Medios y fines

La frase "el fin justifica los medios" envuelve una visión constructivista total que pretende diseñar el fin último al cual se deben subordinar todos los pasos previos. Si no, ¿cómo se define qué es fin y qué es medio?

Para poder distinguir entre medios y fines de una manera absolutamente clara tendríamos que tener un fin último acordado, al cual todos los demás fines intermedios se le sometiesen como medios y entonces cabría al menos conceptualmente, la posibilidad de justificar los medios en función de un fin, porque se podría definir una pauta única de desarrollo.

A fines del siglo XX, esas concepciones filosóficas totalitarias han dejado de tener aceptación por la generalización de una actitud científica y filosófica más consciente de las limitaciones del conocimiento y existe acuerdo sobre la imposibilidad de conceptualizar ese fin último. Por eso todos, medios y fines, primarios o secundarios, y concepciones valorativas de la sociedad. De aquí que no cabe en forma alguna, por el simple hecho de ser formal, de ser la manera de organizar el gobierno, hacer de la democracia un medio prescindible según el objetivo que se tenga, sin consideración a su propio valor.

Por otra parte, cuando se concibe la democracia como ese fin último, surge el gran problema de fines y medios someternos a todos a la dictadura de quien impone el fin, e interpreta la forma como los medios le sirven. Pero, siguiendo a Sócrates deberíamos todos reconocer nuestra propia ignorancia. Vivimos en un mundo de incertidumbre de ignorancia en el cual nadie tiene la capacidad de saber cuáles son las causas y las consecuencias, sobre todo secundarias, de distintas acciones. Ante esa imposibilidad de predecir los resultados de distintas acciones en consecuencias secundarias, terciarias y otras, no nos es válido imponerle una concepción personal a los demás. Por ello, repito, el ataque a la democracia formal se convierte en el fondo en un ataque a la idea misma de la democracia. Por eso, democracia no es la dictadura de la mayoría. Si tenemos en sistema de discusión inteligente y libre para tomar decisiones que en caso sometemos a la regla de la mayoría, ello nos permite, si disentimos de esa posición, mantener una posición distinta y tratar de convencer a los demás.

Empíricamente es evidente que los objetivos y los medios para alcanzarlos sufren enormes cambios a través de la historia. La ignorancia en que vivimos nos impide señalar hoy todas las aristas de los objetivos que en el futuro se impondrán por la voluntad de las mayorías. También esa ignorancia hace que progresemos en su conquista desarrollando nuevos conocimientos, los cuales generan nuevos mecanismos o medios para alcanzar los fines inmediatos.

Por otra parte, los objetivos para poder mantener a largo plazo a través de diversas generaciones, requerirían un total estancamiento del hombre en le descubrimiento de valores y en la construcción de cambios parciales a sus visiones de futuro. En todo caso, ¿cómo sujetar empíricamente a las futuras generaciones al fin último establecido por una mayoría presente?

Intrínsecamente el diseño de la solución total es imposible para nosotros. Si no conocemos la verdadera relación de medios a realizaciones en las interacciones del presente, ¿cómo vamos a proyectarlas a la construcción del objetivo último que hoy soñemos?

Lo anterior, por supuesto, no quiere decir que sea imposible racionalmente diseñar cambios parciales a las instituciones. Pero, frente a estos objetivos jamás pensaríamos en sacrificar medios que han demostrado su uso. Al contrario, el reconocimiento de la imperfección de nuestras humanas realizaciones, nos mueve a buscar su perfeccionamientos, pero en forma parcial, sin pretender borrarlo todo y partir de cero, posición que sólo nos llevaría a la violencia, al retroceso y la frustración.

La imposibilidad de sujetar todos los medios o fines intermedios a un fin último de diseño total, tampoco significa que no existan valores permanentes que vamos descubriendo en sus particularidades mediante el avance de la civilización.

Esos valores forman la opinión generalizada respecto a las ventajas de ciertas instituciones, no para el caso concreto sino para la generalidad de sus aplicaciones. Pero tener como finalidad la paz, la justicia, la belleza o la verdad no nos permite someter en forma unívoca todas las acciones como medios para esos fines en una forma totalmente predeterminada. No nos es posible esa sujeción de todas las acciones a un fin, justificado los medios por el fin , ya que los conceptos de valor no justifican establecer un instrumento que nos permita crear un historicismo fatal empírica o conceptualmente.

Para poder justificar un medio por el fin, primero tendríamos que poder asegurar que el fin alcanza el medio. Si lo alcanza y el medio es malo, entonces nos vemos en le caso de escoger entre dos males. Y al hacerlo, debemos tener presente que la consecuencia del mal medio puede ser más permanente que el buen fin que pretende justificarlo.

Democracia y libertad


La concepción de democracia como sistema de discusión libre e inteligente para poder llegar a acuerdos por la regla de la mayoría, nos permite preguntarnos ¿qué condiciones debe tener la sociedad para que este sistema exista y se mantenga? De aquí surge de inmediato la relación de democracia con libertad y con participación. Así, aunque la democracia es formal, se existencia está sujeta a ciertos valores de la organización social.

No puede haber un sistema de discusión si no hay independencia de criterios. La independencia de criterios es fundamental para que sea posible la discusión. La imposición sería aceptable sólo si la ejerciese quien todo lo supiera: si Dios dedicara su tiempo a manejar los detalles de nuestra sociedad. No habría, entonces, necesidad de aunar las diversas mentes porque habría un solo conocimientos total y absoluto. De esta forma la ignorancia viene a se un factor fundamental para la existencia de criterios independientes. Pero además de esto, tal ignorancia es razón suficiente para que nadie pueda imponer legítimamente su criterio a los demás, porque el criterio final debe ser resultado de la discusión. De ahí que la libertad sea indispensable y que este binomio de libertad e ignorancia, sea uno de los elementos consultivos necesarios para que se pueda dar y pueda funcionar un sistema democrático. Por ello otra forma de acercarnos al concepto de democracia sería señalar que consiste en aplicar ala organización política el principio de racionalidad, entendido como una actitud de apertura para escuchar argumentos y para aprender con la experiencia .

El derecho de cada ciudadano a participar en el gobierno tiene origen en su propia dignidad, pues de ser los hombres simples objetos pasivos del poder estatal, su dignidad se lesionaría.

En la organización democrática de una sociedad libre, las decisiones políticas han de ajustarse, tanto como sea posible, al voto de la mayoría. Mas la mayoría no puede hace lo que le venga en gana. No puede determinar sus poderes y el modo de ejercitarlos, sino que su ámbito de acción se halla limitado por los principios y valores sociales, y por el cometido social que al Estado haya encomendado la comunidad, En el gobierno democrático se deben establecer, en consecuencia, límites a la poderosa y grande organización estatal con el fin de asegurar la existencia del Estado de Derecho. La actuación de un gobierno no se justifica por el hecho de que actúa de acuerdo con la mayoría. Un gobierno mayoritario no tiene derecho a hacer lo que más le plazca: no hay justificación alguna para que una mayoría conceda a sus miembros privilegios, establecidos reglas discriminatorias a su favor. La democracia es, por su propia naturaleza, un sistema de gobierno limitado. Por eso también está obligada, como los demás sistemas, a establecer medidas que protejan la libertad individual. El hecho de que la mayoría, simplemente por serlo, se crea facultada para establecer discriminaciones contra la minoría, implica violar un principio de trascendencia aún mayor que el de la democracia, ya que sería ir contra su propia justificación.

La libertad del hombre requerida para la sobrevivencia de la democracia es en sí misma más valiosa que la propia democracia pues se desprende de la dignidad de la persona y no pretendemos, con lo dicho, apreciarla simplemente como sustento para una forma democrática de gobierno, sino más bien señalar la necesidad recíproca entre forma y objetivos de la organización política. A esta altura de la historia fácilmente coincidimos en el hombre como digno, como un autofín y no como instrumento al servicio de fines ajenos Sea que partamos de una concepción teológica que ve en el hombre la imagen de Dios; o de principios de ética humanista, llegamos al principio de la dignidad. La dignidad de la persona nos conduce a defender que cada hombre goce de libertad como una esfera indeterminada de acción, como un campo en el cual él pueda desenvolverse tomando sus propias decisiones,. Ello implica la búsqueda de esquemas para la coordinación de acciones humanas libres o sea, basadas en posibilidades indeterminadas de acción individual que se encuentren unas con otras en la sociedad y que, dentro de la ley, dentro de un conjunto de reglas de juegos, se coordinen a través de un proceso espontáneo de evolución social. Esto en el campo económico lo llamamos "mercado" y, en general, resulta en una organización compleja en la que las acciones libres se coordinan espontáneamente.

Democracia, economía de mercado y economía centralizada


Existe una íntima relación entre democracia y economía de mercado. Obviamente la más importante de las características de una economía de mercado es que las decisiones económicas de los individuos puedan ser tomadas por ellos mismos. O sea que las personas puedan actuar como seres libres, lo cual significa que debe procurase una organización basada en planes. Esta estructura de planificación es contraria a una visión centralizada de la sociedad, la cual se fundamenta en la idea de que alguien puede tener todo el conocimiento y, en consecuencia él debe imponer su plan económico y su visión económica a la sociedad. En verdad, lo que propone es que un grupo de personas -las que tienen el poder dentro del gobierno- poseen más conocimientos y mejores valores morales que el resto de la comunidad, lo que las faculta para imponer a todos una forma de organización. Desde luego, esto imposibilita la toma de decisiones mediante la discusión inteligente y la libre concurrencia de voluntades independientes para llegar a un acuerdo. ¿Acaso no es claro que esto nos lleva fuera de la democracia, bien a un sistema aristocrático, a un sistema feudal o a un sistema totalitario de cualquier tipo?

Por el contrario, la existencia de multitud de planes individuales es lo que nos obliga a establecer un mecanismo de coordinación espontáneo y descentralizado, distinto a la coordinación centralizada de la economía dirigida. El sistema de coordinación de planes económicos individuales es denominado mercado y se corresponde con los procedimientos típicos de la democracia política: procesos electorales, deliberación, participación.

La resolución centralizada de los casos concretos sólo sería eficiente si no existiese ignorancia y fuese posible el diseño detallado de la vida social. Se fundamenta este intento de resolución centralizada en la visión que asume que todas las instituciones sociales resultan del designio humano previo. Es la visión de la ingeniería social que pretende ser capaz de modificar la sociedad de acuerdo con la voluntad del gobernante, sin tomar en cuenta las mil y una maneras mediante las cuales las personas, por tanteo y error y sin siquiera proponérselo, van tejiendo nuevas instituciones, costumbres, necesidades y formas de satisfacerlas.

Es nuestra radical ignorancia sobre las cosas la que nos obliga a escoger la espontánea creación de tantos centros de decisión como personas, en lugar de optar por la solución centralizada.

En el campo de la conveniencia social, las reglas van estableciéndose por el uso, por la costumbre, por la imitación, por el descubrimiento de que son efectivas y más convenientes en cuanto a sus resultados, y forman la sociedad espontánea. Ellas permiten que los individuos puedan actuar diferenciadamente, sin la obligación de apegarse a los fines comunes, que caracterizan la acción de los hombre en el grupo tribal primitivo, como consecuencia de que todos sus miembros tienen los mismos conocimientos. Y es que cuando se multiplican y difunden los conocimientos y aumenta el tamaño del grupo, ya no es posible que cada hombre tenga todos los conocimientos que todos en conjunto sí tienen. Precisamente la sociedad espontánea es la forma de aprovechar el conocimiento disperso. La sociedad espontánea se conforma por reglas no creadas por diseño o planificación, y muchas veces ni siquiera conocidas en forma expresa por aquellos que las siguen. En verdad, constantemente actuamos siguiendo reglas que automáticamente aplicamos frente a casos concretos, pero que posiblemente no podríamos expresar o definir en todas sus dimensiones. Es la existencia de esas reglas en la gran sociedad, lo que nos permite actuar persiguiendo prioridades y fines individuales definidos y no sólo objetivos metaindividuales

El gran descubrimiento de David Hume y de los filósofos éticos escoceses fue que, mediante las reglas que la sociedad genera por un proceso evolutivo, las acciones que los individuos realizan para seguir sus fines, egoístas o altruistas, pero individuales y particulares, pueden enlazarse en un resultado de bien común, de mejor situación para todos los individuos en un orden social.

El que las reglas sean el producto de la experiencia, no quiere decir que ellas sean inconmovibles e incambiables. Conforme las circunstancias van cambiando, varía la aplicación de las reglas a los casos concretos y se generan nuevas reglas. Estas toman en consideración las anteriores, para poder preservar el orden social como uno que permita la multiplicidad de fines. Para ello, al variar una norma no se cambian todas, sino sólo específica y la nueva regla que se adopte debe conciliarse, armonizarse con el resto, con lo cual se legitima socialmente. Este armonizarse con el resto de las reglas es la condición necesaria para que el orden social pueda subsistir. Esto es tanto así que ni para los griegos, ni para los romanos, ni para los naturalistas, por ejemplo, la ley se crea, sino que ella se descubre. Como hemos visto, de este proceso histórico no guiado por la razón de ningún individuo sino por la evolución institucional, resulta un orden social. Característica fundamental de este orden es la utilización que permite del conocimiento disperso e inarticulable de todos los individuos. De aquí es que se produce un bienestar material que no sería posible obtener por otra vía.

El conocimiento más importante para el bienestar material de la sociedad no es el científico o el que existe en las bibliotecas sino el que tienen los miles de individuos acerca de su vida diaria en diferentes circunstancias y lugares. Es un conocimiento que, en gran parte no se puede articular, es decir, no se puede comunicar a otra persona para que ésta lo utilice. Es el conocimiento de cómo se hace el lazo de los zapatos, de cómo redactar adecuadamente o, más importante para el caso que nos ocupa, de cuál es la manera más barata de producir un bien en cierto tiempo y lugar, o de cómo organizar una empresa para lograr la mayor eficiencia.

Este conocimiento es, a su vez, resultado de la selección en el tiempo de los medios más exitosos para lograr diferentes fines, que se imita y se hereda de generación en generación y va cambiando continuamente según se descubren medios más exitosos. La selección en este caso la hace el mercado: la ganancia económica de una acción es señal de su éxito; la pérdida, consecuencia de su ineficiencia y causa de un posterior desuso.

En un sistema de mercado, el precio de un bien o recurso productivo, que resulta de la puja de venta y compra de miles de individuos que conocen sólo su propio bienestar, es un señal que concentra la parte más importante de este conocimiento y sirve a su vez para ser usado por otros individuos en sus decisiones económicas. De aquí que el sistema de precios o de mercado logre el avance del conocimiento práctico y el uso de éste de una manera que no puede ningún otro sistema conocido por el hombre.

En el deporte tenemos un esquema exactamente igual de participación competitiva. Hay unas reglas dadas dentro de las cuales cada uno trata de superarse y de superar a los demás y en el proceso todos se enriquecen: las marcas de los corredores se van superando, las técnicas del fútbol van evolucionando, las formas de llevar a cabo un juego de tenis van mejorando, las posibilidades del entrenamiento para nadar mejor van progresando.

Lo mismo se nos da en el campo de la producción de bienes dentro de la organización social de libertad, cuando podemos producir competitivamente los bienes. En resumen, la participación competitiva en la economía aporta, en primer lugar, respeto a la dignidad y a la libertad. No puede haber respeto a la dignidad del hombre cuando sus fines le son impuestos por otro.

La esencia de la participación competitiva es que los planes se producen individualmente o sea, que cada hace su propio plan. Esto no quiere decir que no haya planificación cuando existe participación competitiva, al contrario, lo que hay son múltiples centros de planificación. La diferencia entre una organización totalitaria y centralizada de la producción y una organización de mercado, no es que en una hay planificación y en la otra no. Es que en una hay muchos planes independientes, mientras que en la otra se pretende la existencia de un solo plan que coordine las acciones de todos. Esa ventaja fundamental de la posibilidad de respetar la dignidad y la libertad a través de la competencia participativa nos produce otra serie de ventajas de enorme importancia. Recordando de nuevo a Sócrates debemos pensar que siempre estamos tomando decisiones en un mundo de ignorancia, donde no podemos tener plena seguridad de los resultados. Nosotros escogemos una acción, pero como estamos en un mundo cuyo entorno nos es desconocido, como somos ignorante del conjunto de todas las reglas y de todas las circunstancias, el resultado de nuestra acción concreta nos es ignorado y depende de cuál sea el estado de la naturaleza, como diría en estadístico, qué es lo que se va a producir y es de la unión de ese estado de la naturaleza y de la acción tomada que depende el resultado.

Por eso, si hay mayor cantidad de gente tratando de acertar hay mejores posibilidades de hacerlo. Cuando tenemos una planificación centralizada hay una acción que se decide y a ella le sigue un resultado incierto. Cuando hay millones de centros de decisión y de planificación se ejecutan diferentes acciones y hay más oportunidad de acerar en medio de la ignorancia, lo que enriquece a todos porque permite la imitación. Es este proceso de invención que acierta e imitación de la conducta exitosa el que provoca el progreso y el éxito en la sociedad. De ahí el significado del concepto "participación competitiva" para comprender cabalmente la superioridad técnica y moral de la economía de mercado sobre la economía dirigida.

Participación competitiva

La participación competitiva nos permite una mejor utilización del conocimiento. Ponemos énfasis en la ignorancia porque probablemente lo más valioso que tenemos es el conocimientos, pero este conocimiento es limitado y además, está distribuido. Los miembros de un grupo saben más que el que más sabe de sus miembros, de manera que cuando permitimos que haya planes individuales permitimos que se utilice ese conocimiento que cada tiene. Hace unos años algunos pensaban que ese conocimiento se podía centralizar y que el problema era simplemente de cómputo para que la información llegara a un sólo centro que con ella tomaría las decisiones centralizadamente. Pero ese argumento ha sido destruido por un concepto muy importante desarrollado en la segunda mitad de este siglo, a saber: conocimiento inarticulable.

Hay una gran cantidad de conocimientos, de cosa que podemos hacer pero que no podemos conceptualizar y trasmitir a otro explicándoles cómo se hace. Lo expongo con un ejemplo muy sencillo: andar en bicicleta. Todos podemos andar en bicicleta pero, ¿quién puede explicar cómo se mueven los músculos, se desplaza el centro de gravedad, se modifica la posición del cuerpo y se mantiene el equilibrio? Un ejemplo más complicado está en la idea que usamos los economistas de que las empresas determinan sus niveles de producción observando sus curvas de costos marginales y produciendo un volumen tal que el costo marginal sea igual al precio.

Esto parte de la concepualización de que existe una curva de costos. Si se le pregunta al mejor empresario del mundo su curva de costos marginales, no lo sabe. Además, es imposible saberla, es un concepto demasiado complicado aplicado a casos determinados. Lo usamos como una simplificación en forma abstracta para tratar de entender la conducta de los productores . Lo que el empresario hace es experimentar alrededor de un punto de su curva de costo marginal y probar los resultados de diversas combinaciones de factores. La competencia lo lleva a estar descubriendo puntos en su línea de costo marginal pero nunca a conocerla, por eso le es imposible transmitir al planificador central su curva de costos marginales para que éste tome las decisiones, como pretendía Osar Lange hace cuarenta años cuando resolvía el problema de la imposibilidad de planificación centralizada, proponiendo adoptar las decisiones de un modelo de equilibrio competitivo centralizandamente con las curvas de costos marginales. Esa solución es imposible pues ese conocimiento no es transferible.

Pero no sólo en el uso del conocimiento está la ventaja de la participación competitiva, sino también en la generación de conocimiento y esto es tan importante como el permitir el uso del conocimiento disperso e inarticulable. Cuando se centraliza la toma de decisiones , la búsqueda de conocimiento se centraliza y la posibilidad de que las personas traten de innovar se disminuye. Cuando, al contrario, cada uno es libre para hacer sus planes, cada uno trata de obtener mayor información para resolver su problema y se provoca una mayor búsqueda de conocimientos: de nuevas formas de hacer las cosas y nuevas cosas qué hacer.

Otra característica muy importante de la participación competitiva es el sistema de incentivos. El corredor, en la carrera de 100 metro trata de romper la marca del país, de la comunidad, de la escuela o del mundo, porque con ello obtiene reconocimiento y éxito personal.

El que hace planes individuales e intercambia a través del mercado, se ve incentivado porque, en relación con la valoración que los demás le den a sus acciones, va a tener su retribución. Por ello el sistema de participación competitiva lleva implícito un sistema de reparto que es el de los incentivos. Sistema muy nuevo en la historia del mundo, apenas tendrá unos 200 años de haberse empezado a generalizar

En el pasado, la persona no participaba en la producción en relación con su aporte sino en relación con su posición.- Había un sistema de status. El señor feudal tenía un porcentaje de la cosecha que le produjera el siervo. ¿Qué incentivo tenía el señor feudal para que se produjera más? Ninguno. Por ello se dedicaba a la guerra, a combatir dragones o a las cruzadas, pero no a producir. No existía esta dinámica en la sociedad. Es con la revolución industrial y la generalización de los sistemas de propiedad que surge el sistema de incentivos basado, como toda esta participación competitiva, en instituciones fundamentales como la propiedad, los derechos de libre contratación, de libre asociación y de libertad de trabajo, que constituyen las cuatro piezas fundamentales que sustentan el orden jurídico que posibilita esta participación competitiva y esta planificación totalmente descentralizada e individual que se coordina en el sistema de mercado.

El desarrollo, para que permita una existencia en libertad y participación, requiere que los sistemas de distribución se fundamenten en el incentivo y no en el privilegio. En otras palabras, en el reconocimiento al aporte y esfuerzo de cada quien y no en el otorgamiento de las dádivas originadas en las influencias especiales que grupos y personas logran alcanzar del poder político, y que han sido tanto mayores cuanto más imperfecto sea el Estado de Derecho.

Esto se relaciona con la forma de distribuir el poder en una sociedad. Fundamentalmente, con el hecho de que los privilegios son regales gratuitos por parte de la autoridad y con la consecuencia de que con ello se están defendiendo, en alguna forma, esferas de acción excluyente para que ciertas personas tengan feudos, o sea, situaciones de fuero especial que se presentan más o menos como inalterables.

Finalmente, debemos señalar que la participación competitiva con planes individuales, uso y descubrimiento del conocimiento y sistemas de incentivos, promueve la iniciativa creadora.

El Papa Juan Pablo II ha reconocido la iniciativa económica como un derecho fundamental del ser humano que promueve el bienestar general.

"Es menester indicar - señala el Papa - que en el mundo actual, entre otros derechos, es reprimido a menudo el derecho de iniciativa económica. No obstante eso, se trata de un derecho importante no sólo para el individuo en particular, sino además para el bien común. La experiencia nos demuestra que la negación de tal derecho o su limitación en nombre de una pretendida igualdad de todos en la sociedad, reduce o, sin más destruye de hecho el espíritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del individuo. En consecuencia,. Surge, de este modo, no una verdadera igualdad, sino una nivelación descendente. En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisión al aparto burocrático que, como único órgano que dispone y decide - aunque no sea poseedor - de la totalidad de los bienes y medios de producción, pone a todos en una posición de dependencia casi absoluta…".(7)

Obviamente, a estas alturas de la historia las ventajas teóricas de la participación competitiva pueden parecer fuera de lugar porque bastaría con simplemente observar lo que está parando en China, Rusia, Polonia, Hungría, Francia, España o Inglaterra, para darnos cuenta, con la observación empírica, que la evolución social nos está llevando en dirección de ausencia humana en un ambiente de mayor participación de la producción, por haber en la práctica demostrado que todas esas ventajas teóricas son reales.

El concepto de "participación competitiva" es complementado y enriquecido por el no menos importante de "participación colaboradora".

Participación colaboradora

Pero no todas las necesidades del hombre en sociedad pueden ser resueltas mediante la interacción de acciones independientes. En necesario, en muchos casos, llegar a un acuerdo previo a la acción que coordine los esfuerzos de muchos individuos. Cuando ello se realiza mediante la libre contratación y las asociaciones voluntarias, los resultados los podemos todavía analizar como formas de la participación competitiva, pues se toman las decisiones independientemente y se coordinan en forma espontánea al encontrarse con otras acciones independientes de personas o asociaciones voluntarias en el marco de la sociedad. Pero cuando se originan estas acciones conjuntas en la organización política a la que necesariamente pertenecemos, su análisis debe ser diferente. Es un este caso en el que hablamos de participación colaboradora, cuando la decisión es el resultado de un acuerdo específico de las personas involucradas.

El caso más claro y evidente de esa necesidad de colaboración expresa, es la propia organización de las reglas del juego, lo que conceptualmente llamamos el contrato social, no como un evento histórico que se haya dado en un determinado momento cual se produjo un acuerdo expreso, sino como una conceputalización de un proceso probablemente espontáneo que evolucionó hacia la formación de las organizaciones políticas actuales. Toda esa organización de las reglas del juego requiere un acatamiento de todos y puede ser establecida por la imposición de alguien o un grupo a los demás o llegar, por debates, a acuerdos con respecto a cómo organizar la sociedad bien sea por un proceso de colaboración participativo o mediante representación.

Se requiere además, la participación colaboradora para la revisión y reevalucación del contrato social, para la producción directa o indirectamente de bienes públicos y para el establecimiento de una Red Básica de Protección Social que garantice a cada persona un mínimo de bienestar con independencia de su contribución a la producción.

Los bienes públicos son aquellos que una vez producidos satisfacen la necesidad de un individuo sin que eso disminuya su potencialidad de satisfacer la misma necesidad de otros (la luz de un faro, la pureza del aire);o para satisfacer necesidades, es imposible técnicamente, sujetarlos a los derechos de propiedad comunes (como los peces en el mar).

La participación colaboradora nos obliga a destinar recursos y esfuerzos a su obtención. La seguridad, el impartir justicia, las obras públicas y el velar por la educación, la salud y la protección de los marginados, constituyen áreas claves de acción estatal que atendidas bajo el principio de conformidad con el mercado (es decir, aprovechando las normas de la participación competitiva para alcanzar los fines en vez de oponerse a los resultados de las acciones en el mercado), propician la igualdad de oportunidades, contribuyen ala atención de los más necesitados y facilitan, a la vez, la eficiencia económica y la justicia social.

La "constitución económica", entendida como el conjunto de normas que enmarcan la acción del Estado y de los particulares en el proceso productivo, debe también limitar la dedicación de recursos a la obtención de bienes públicos, pues de lo contrario, con un crecimiento desproporcionado de los recursos a es fin destinados, la libertad y el respeto a las metas individuales, podrían perderse junto con la eficiencia económica.

Todas estas acciones del Estado tienen por objeto garantizar un orden, en el cual se puedan perfeccionar las personas y sus asociaciones voluntarias.

En todos estos casos, en los cuales se requieren acuerdos expresos o tácitos, la participación colaboradora es superior a la imposición totalitaria porque respeta la dignidad humana que confiere el derecho natural a cada hombre a participar en el gobierno, porque al hacerlo protege la libertad de cada persona, porque utiliza el conocimiento distribuido, aunque sin la extensión con la que lo puede hacer la participación competitiva, porque puede generar ciertos incentivos y porque permite una convivencia más pacífica.

Claro está que la división entre participación competitiva y participación colaboradora no es estática. En la Tribu prácticamente toda acción se debía dar como resultado de asociar explícitamente esfuerzos tras un objetivo común. Es más, técnicamente los bienes públicos se han ido convirtiendo en privados mediante el establecimiento de nuevos derechos de propiedad, que permiten la apropiabilidad y exclusividad de uso de su propietario. Así, los ámbitos de participación competitiva y colaboradora van espontáneamente evolucionando por el diseño parcial de instituciones, por la introducción de nuevas prácticas que resultan exitosas y, en general, por el desarrollo del conocimiento.

En todo caso, queda claro que democracia como forma de gobierno, y libertad y participación como metas de la organización social se complementan y apoyan mutuamente.

Democracia de ley


Tanto la participación competitiva como la colaboradora se dan en un marco de leyes generales, lo cual no quiere decir que deba la ley resolver el caso concreto.

Gran tragedia ha sido para la humanidad la falacia que han cometido los racionalistas, intelectualistas, o racionalistas no críticos y planificadores desde Descarte, al creer que las instituciones sociales deben ser revisadas a la luz del conocimiento del momento, que se cree objetivo, transferible y concentrable en una persona y organismo.

Para Voltaire, por ejemplo, el mayor bien sería quemar todas las leyes y hacerlas de nuevo. De esta concepción constructiva del liberalismo francés, de este separarse de la norma como resultado de la evolución social no diseñada, surge el eliminar los límites conceptuales al cuerpo encargado de legislar. Se deja de lado, dentro de esta corriente, el límite al parlamento, que tan claro es en el pensamiento de John Locke: le que las leyes deben ser generales, y el que se debe gobernar mediante leyes establecidas que no puedan vararse para sacos concretos.

La concepción de democracia como soberanía condujo, en el siglo XIX, al concepto de la soberanía del Parlamento. El positivismo jurídico considera que la única manera como puede haber limitación a la competencia de un órgano, es la existencia de una voluntad superior que limite. Dentro de esta concepción, si quien forma la ley es la Asamblea como representación del pueblo, esa Asamblea es soberana porque no existe ninguna voluntad sobre la de ella. En una sociedad libre, son los valores los que originan la ley mediante el conjunto de reglas abstractas que forman una colectividad. Para que subsista ese orden, las reglas que se vayan formando deben armonizarse con el conjunto y en ese sentido el legislador no es soberano: por lo contrario, el legislador de be descubrir la ley que se adapta a la sobrevivencia de la sociedad abierta.

Cuando no se respeta la generalidad de la ley, ni se armoniza la regla nueva con el conjunto de la legislación, ni se somete la norma al servicio de la opinión de la colectividad, predominan las decisiones legislativas para el caso concreto. En el corto plazo, la decisión concreta para buscar un objetivo específico, puede ser mucho más eficiente que la decisión general de establecer una norma que cree el marco general, dentro del cual cada individuo pueda ir descubriendo la mejor forma de actuar. Pero su costo es la destrucción del orden general.

En consecuencia, una concepción simplista de la soberanía de la mayoría lleva a que la legislación se emita par lo concreto, para la ventaja de corto plazo y lleva también a que se dejen de lado los principios de largo plazo que deben organizar la convivencia humana en un ambiente de mayor espontaneidad. La legislación que surge como negociación entre grupos para resolver lo concreto es tal, que incluso se pierde la soberanía de la mayoría, esto es así porque difícilmente habría mayoría con respecto al conjunto de la legislación que resulta. Si el conjunto de negociaciones, de tomas de dacas, se sometiese a la decisión de la mayoría, difícilmente habría tal voluntad de la mayoría, porque se ha perdido el control de la opinión y de los valores de la comunidad sobre la legislación. Esto sólo se puede evitar cuando la legislación no es par el caso concreto, sino de reglas generales.

Para los filósofos éticos escoceses las leyes deben de ser reglas generales para la conducta justa; reglas que sólo delimitan y protegen las esferas de decisión individual y que fundamentalmente son negativas. Adam Smith en su "Teoría de los sentimientos morales", afirma: "La mera justicia es, en la mayoría de las ocasiones, una virtud negativa y sólo nos obliga a no hacer daño a nuestros vecinos. El hombre que simplemente se abstiene de atentar contra las otras personas o a la propiedad o a la reputación de sus vecinos, tiene definitivamente poco mérito positivo. Sin embargo, él cumple todas las reglas de lo que en particular se llama justicia y ejecuta todo le que sus iguales podrían apropiadamente forzarle a hace, o por lo cual lo podrían castigar si no lo hiciera. Nosotros podemos muy a menudo llenar todas las reglas de justicia simplemente sentándonos y no haciendo nada"(8)

Adam Ferguson, en sus Instituciones de Filosofía Moral, nos dice: "La ley fundamental de la moral, en su primera aplicación a las acciones de los hombres es prohibitiva y veda la comisión del mal".(9)

Ahora bien, el pensamiento previsor entiende el bien común como un facilitar la búsqueda de fines individuales desconocidos, como un permitir que las esferas de acción de las distintas personas se desarrollen de la manera más amplia. Esa posibilidad del hombre de darse su personalidad es su dignidad.

Esa dignidad humana que tenemos todos; esa posibilidad de ser autofín, de darnos la propia vida, de escoger inclusive el no escoger, hace que los hombres seamos básicamente iguales, pero no iguales en nuestras circunstancias concretas, ni en el yo, ni en el cuerpo o en el alma, ni en el medio en que nos desenvolvemos. Sólo iguales en la posibilidad de realizarnos a nosotros mismos. "Iguales ante Dios", decía Jefferson. "Iguales ante la ley" dicen los juristas. "Iguales en oportunidades" se decía en el siglo pasado.

Es precisamente en la búsqueda de oportunidades que surge, por ejemplo, la gran lucha por la generalización de la educación como una manera fundamental de permitir la convivencia y al difusión del conocimiento. No se trata, desde luego, de igualdad de resultados. Sería incongruente con las características de la sociedad en la cual las circunstancias son diversas aunque las reglas sean generales, el pretender que todos obtengan el mismo resultado. Cada quien actúa en circunstancias distintas, en incertidumbre. No se da una relación directa entre acción y resultado. La igualdad de resultados sólo podría provenir de impedir que cada uno tenga sus propios fines y actúe de conformidad con la vida que cada quien quisiera hacerse. La igualdad de resultados necesariamente significaría que se imposibilitara la realización de la propia vida, porque tal igualdad sólo se podría obtener eliminando opciones. Por ello la intervención para el caso concreto, aun cuando pudiera tener la finalidad de obtener igualdad de resultados, resultaría inmovilizadora y destructora de la capacidad creadora de los hombres.

En la economía moderna resulta necesaria la acción del Estado para implantar el orden económico de la libertad; esto es, la acción positiva del Gobierno para defender y perfeccionar el sistema de la competencia, mediante el establecimiento de normas jurídicas que impidan la coacción y el uso de la fuerza por particulares, empresas o entes públicos que pudieran recurrir a ella con el propósito de impedir que otros obtengan buen éxito con sus actividades.

Esta protección general del orden económico, entendido éste como el marco jurídico o histórico en el cual se realiza el proceso productivo, constituye la acción estatal de mayor importancia para impedir las causas de marginalidad, que en mucho se originan en cierre de vías, de opciones y posibilidades de realización para los grupos sociales.

Pero a su vez, el imperio de la ley tiene que ser limitado para que se preserven las esferas individuales de acción que constituyen la libertad de los distintos individuos y que no pueden existir si se convierten en esferas determinadas. Si se nos dice a cada uno qué es lo que podemos hacer se pierde definitivamente la libertad, la que consiste en poder hacer todo lo que no atente contra la libertad de los demás o contra las reglas generales debidamente adoptadas; y no en que se nos diga qué es lo que podemos hacer,. Eso está en el centro y en el origen de la distinción de lo que conforma una sociedad libre y una sociedad totalitaria.

Por ello quizá el tema más importante para la organización del Estado democrático, que como tal pueda subsistir por su concordancia con la libertad y la participación, es el límite de la ley, no sólo el límite de las autoridades sino el de la ley. Recordemos el dictado de Heráclito: " la ley puede disponer que se tenga que obedecer la voluntad de un sólo hombre"; o sea, la ley puede destruir el sistema democrático. Por ello, la ley misma debe ser limitada y el límite de la ley surge en última instancia del aprecio de los valores que tengan los miembros de una sociedad y que los lleve a luchar por su vigencia. Es en la conciencia de cada uno de los miembros de la sociedad donde radica el límite de esa ley y ese límite se protege mediante los mecanismos constitucionales que reducen lo que el permitido a los cuerpos deliberativos de representantes. Independientemente de que anclemos los valores de la libertad en la naturaleza humana, en una ética evolutivo en su formación espontánea por evolución social, ellos son creencias que conforman la opinión de los ciudadanos.

Las reglas generales pues, deben estar limitadas por los valores y creencias de la colectividad desarrollados a través de su historia y respetar los derechos de las minorías, por lo cual deben estar sujetas a reglas constitucionales que sean de más difícil variabilidad y que deben tener una mayor permanencia. Sin embargo, las normas constitucionales también deben poder ser revisadas porque el contrato social debe revisarse de conformidad con el avance de los conocimientos, con la experiencia histórica que se vaya acumulando, pero de una manera más conservadora para impedir que la sociedad se torne anárquica. El cambio constante y total del contrato social haría perder las ventajas de la organización social.

En la mayoría de los casos, la preservación de la libertad depende de las características mismas de la ley. Una comunidad que desee salvaguardar la libertad, no puede permitir que sus organismos legislativos se dediquen a disfrutar favores y establecer discriminaciones. Cuando eso ocurre, se dejan sin protección los intereses de la comunidad como un todo y se utilizan los poderes públicos, en beneficio exclusivo de grupos particulares.

No se puede legislar para la libertad cuando se legisla para el caso particular, ni se pueden reconocer los efectos beneficiosos o perjudiciales de la ley, si ésta se observa únicamente en relación a un caso particular.

"La justificación de una determinada norma de Derecho debe ser su utilidad, incluso aunque esta última no sea demostrable mediante argumentos racionales y se convoca únicamente porque la norma, en la práctica, ha demostrado ser más conveniente que ninguna otra; sin embargo, y en términos generales, sólo la regla como un todo debe justificarse, no cada aplicación suya. La idea de cada conflicto en el campo dela ley o en el de las costumbres debiera decidirse como le pueda parecer más conveniente a alguien que comprendiese todas las consecuencias de la decisión, envuelve la negación de la necesidad de las reglas".(10)

Se puede explicar el sistema en el cual la acción coactiva del Estado se limita al cumplimiento de reglas abstractas generales, como el resultado de un movimiento del estatuto de las leyes generales e iguales. El estatuto como lugar asignado a cada individuo en la sociedad, corresponde a una organización política en la cual las normas no son generales, sino singularizadas para determinadas personas o grupos a los cuales confieren antípoda es el imperio de las leyes generales; de las reglas que son iguales para todos.

La diferencia entre el estatuto y las reglas generales consiste en que éstas últimas, propias de una sociedad libre, hacen que los individuos tengan una esfera de acción propia y claramente reconocida, distinta de la esfera pública. Esta esfera de acción propia surge y se mantiene en virtud de que los individuos no están obligados a obedecer cualquier clase de órdenes, sino que únicamente están en la obligación de seguir reglas igualmente aplicables a todos los ciudadanos.

Para que el conocimiento de las esferas individuales de acción favorezca la libertad y no se convierta en un instrumento de coacción, su extensión y contenido no deben determinarse por la asignación deliberada de cosas determinadas a hombres determinados. Si lo que se incluyese en la esfera privada de un hombre determinado fuese resultado de la voluntad de otro hombre o grupo de hombres, se encontraría el primero sujeto a la coacción del o de lo segundos. En la sociedad libre la esfera individual incluye todas las acciones que no han sido explícitamente prohibidas por una ley general.

Cuando el hombre obedece leyes generales y abstractas establecidas con independencia de su aplicación a su caso, no se halla sujeto a la voluntad de ningún otro hombre y es por lo tanto libre. Si la regla legal fuese establecida para su caso concreto, el hombre se encontraría sujeto directamente a la voluntad del legislador, el cual le podría imponer metas distintas a las suyas personales, quitándole de este modo la libertad social. Mientras el ciudadano de la sociedad libre se mantenga dentro de los límites de las leyes conocidas, no tiene necesidad de solicitar permiso de nadie ni de obedecer orden alguna. Todos los aspectos de la libertad se ven en peligro cuando se ataca alguno de sus fundamentos y cuando se ataca la generalidad de la ley, se atenta contra una de las bases imprescindibles de la libertad.

De la misma manera como las leyes de la naturaleza eliminan ciertas posibilidades a la acción del hombre y le ofrecen un marco en el cual su poder se encuentra circunscrito sin limitar su libertad, así también actúan las reglas generales del derecho, eliminando ciertas posibilidades de acción, pero no limitando la elección entre ellas a una determinada acción impuesta por otro hombre.

Las normas legales adoptadas por la comunidad deben constituir una adaptación de la sociedad misma al medio en el cual los ciudadanos se desenvuelven y a sus características generales. Por lo tanto, las leyes deben servir para ayudar a los individuos a formular planes de acción que tengan probabilidades de ser ejecutados con buen éxito. Las leyes generarles y abstractas no limitan, por el contrario, aseguran y protegen la libertad social del individuo, en tanto y en cuanto sean necesarias para facilitar a los individuos sus propias y personales metas.

Pero la legislación general, ante cuyo incumplimiento surge la única posibilidad legítima de recurrir a la fuerza, es el punto final de un proceso que probablemente cierre algunas posibilidades a la voluntad individual; y si se multiplica, disminuyen notablemente las posibilidades de elección, hasta el punto de que la autoridad puede sustituir la iniciativa y libertad personales.

"Parece ser incuestionable que sobre esa base correspondería eliminar la legislación, cuando ella fuera utilizada meramente como un medio para someter las minorías, a fin de tratarlas como bando perdedor. También parece incuestionable que debiera no utilizarse el proceso legislativo, siempre que para las personas resulte posible alcanzar sus objetivos propios sin depender de lo que decida un grupo sin constreñir en realidad a otras gentes a realizar lo que jamás hubieran realizado, sin ser constreñida a ello. Finalmente, parece obvio que siempre que haya alguna duda en cuanto a las ventajas que ofrece el proceso legislativo, comparándolo con alguna otra clase de proceso, en cuanto a establecer reglas para nuestra conducta, la adopción del proceso legislativo debiera ser resultado de una ponderación muy precisa". (11)

"Un régimen moderado es aquel en que hay división de poderes, de modo que sea el mismo poder, y no el individuo ni la mas, los que controlen el poder. Pero, sobre todo, será aquel régimen que está sometido a la ley, como mandato impersonal y abstracto, desarraigado de toda referencia al prestigio de una persona o grupo. La moderación viene precisamente de que el poder se debilita cuando se independizan unas de otras las diversas etapas en la vida de una ley. En cambio se fortalece si todas se concentran y confunden en una sola persona".(12) Para instaurar este autocontrol del poder (limitación del poder mediante el poder) es que se crean varios grupos de órganos y se distinguen las tres funciones básicas, todas las cuales representan un momento en la vida de la ley. El límite a los actos arbitrarios también está como el límite a la ley en los valores. De estos merecen especial consideración los derechos humanos como valeres independientes de cualquier concesión gratuita del poder político organizado, pues surge de la dignidad de la persona. Pero como valores que son, los derechos humanos, aun cuando independientes de sus aceptación por la autoridad, sí están sujetos a ser considerados como tales por la sociedad y protegidos por la ley con responsabilidad para sus violadores.

Para garantizar los derechos humanos, la libertad y las instituciones democráticas, surgieron las garantías políticas que limitan el poder estatal y sin ellas se anularía la posibilidad de la discusión libre e inteligente. Así surge el Estado de Derecho.

El Estado de Derecho


Las reglas generales en el campo de la organización de la participación colaboradora, tiene como finalidad y este es el gran aporte de los siglos XIX y XX, el establecimiento de un Estado de Derecho.

¿Qué entendemos por Estado de Derecho? Es el Gobierno de la ley mediante la asignación de competencias, la división de poderes, la seguridad del debido proceso judicial y la revisión de las actuaciones administrativas.

"Nos ha enseñado una experiencia eterna que todo hombre investido de autoridad abusa de ella. No hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación. ¡Quién lo diría!, ni la virtud puede ser ilimitada. Para que no se abuse del poder es necesario que le ponga límites la naturaleza de las cosas"(13)

En vista de la anterior afirmación de Montesquieu y de que la sociedad libre debe tener presente el dicho de Lord Acton: El poder siempre corrompe", se debe organizar el poder público de manera que su uso no implique abuso ni corrupción.

La división de poderes tiene dos aspectos: uno, distribuir las tareas fundamentales y centrales del gobierno en esferas distintas de competencia y otro, establecer el sistema que idearon los federalistas americanos, el de pesos y contrapesos para buscar el equilibrio del poder.

"El primero de estos principios, que tienden a evitar el abuso del poder y la corrupción de quienes lo ejercen, es corolario de la limitación de la actividad estatal. El Estado sólo puede realizar aquellos cometidos que se le hayan encomendado, y sólo puede efectuarlos a través de los órganos especiales, a los cuales se les haya conferido su realización. No puede haber actuación estatal sin potestad de gobierno. De esta manera por medio de la asignación de competencias, no se confía el poder al arbitrio de los hombres, sino que el ejercicio del poder que realiza el titular del órgano, está limitado por la potestad o competencia atribuida al mismo".(14)

Sólo está permitido al Estado lo que la ley expresamente le permite. Sólo está prohibido al individuo lo que la ley expresamente le prohibe

La ley es, en su esencia, una medida general y abstracta, que toma decisiones a largo plazo, referentes a casos posibles pero no determinados. Por lo tanto, la ley no hace referencia a personas, lugares u objetos particulares. Claro que toda regla general está llamada a particularizarse, en su aplicación, a los integrantes de la generalidad; pero la característica de ese ser general de la ley, es la validez para cada uno en particular del precepto dictado para todos. Si la aplicación de la norma general es necesariamente individual, su validez es general, ya que la regla se establece en abstracto, sin tomar en consideración individuos o casos particulares.

En una comunidad apegada a la libertad, el Estado y sólo el Estado, puede ejercer coacción sobre las personas y su principal medio para ello es el castigo. Pero en una comunidad tal también es preciso reducir al mínimo la coacción que el Estado ejerce, a fin de hacer máxima la libertad que los individuos disfrutan. Si al Estado le es lícito invadir, mediante métodos punitivos la esfera privada que protege a los ciudadanos, esa acción no puede quedar al arbitrio de quienes ejercen el poder, sino únicamente puede llevarse a cabo en ejercicio de una disposición general previa y debidamente promulgada. De otra manera es imposible preservar la libertad externa de los ciudadanos. El principio "nullum crimen nulla paena sine previa lege", es, por lo tanto, una de las reglas fundamentales de la sociedad libre.(15)

La persona, sus organizaciones voluntarias, deben tener amplia libertad para hacer todo cuanto se les ocurra y no pueden estar sometidos a la ley sino en aquello que atente contra la moral, el orden público o la libertad de los demás, tal como lo establece la Constitución Política de Costa Rica.

Es evidente que el sistema jurídico de una comunidad no puede prever todos los casos posibles que requieran su intervención y el ejercicio dela coacción estatal. El una sociedad libre será por ello necesario que la ley contenga algunas disposiciones que no delimiten con toda precisión los casos en que procede aplicarlas, sino que otorguen cierta discrecionalidad a los organismos encargados de su ejecución. Frente a estos casos, se salvaguarda la libertad mediante las medidas que limitan en forma general, la acción del poder político. Principios como el de la revisión judicial hacen imposible la utilización arbitraria de la discrecionalidad.

Un elemento esencial para que se dé el Estado de Derecho es la existencia de un sistema completo de responsabilidad de la administración y de revisión judicial de sus actos. La actividad de la administración contrasta con la de legislar, ya que significa la persecución de objetivos específicos y cambiantes día con día. Su tarea consiste en dirigir los recursos asignados a los poderes públicos, para atender las necesidades constantemente variables de la comunidad. Por ello, al actuar bajo el imperio dela ley, la administración tiene que ejercer un poder limitado, de la misma manera que lo ejercita el juez al aplicar la ley al caso concreto. Ahora bien, la decisión de los órganos administrativos tiene que ser deducible de las normas jurídicas y de las circunstancias a las que se refiere la ley. De esta manera, la actividad de la administración no interviene la esfera de acción privada de cada ciudadano. Con el fin de evitar un posible abuso del poder por parte de la administración, sus facultades deben ser controladas mediante la posibilidad de revisión de sus resoluciones por un tribunal independiente.

El Estado de Derecho exige que el ejecutivo esté ligado por normas que prescriban cuándo, cómo y de qué manera puede usar la coacción. Para garantizar esas condiciones se necesita someter las actuaciones del ejecutivo a revisión judicial.

Para que la revisión judicial de las actuaciones administrativas surta sus efectos, es preciso que los tribunales tengan poder para decidir si la ley prohibe un acto específico efectuando por la autoridad. Siempre que un acto interfiera la esfera de acción privada del individuo, el juez debe tener facultades para decidir si la sustancia de la acción administrativa está de acuerdo con la exigencia de la ley.

Finalmente, par evitar y solucionar los conflictos en el campo de la interacción humana entre personas y entre las personas y el Estado, se establece como el cuarto pilar del Estado de Derecho, la existencia del debido proceso tanto para ser juzgado por infracciones como para poder reclamar las que en contra se hayan ocasionado en la sociedad.

Estas dos grandes líneas de evolución social, la de las reglas generales y la del Estado de Derecho constituyen fundamento en la democracia para que se dé una participación colaboradora que a su vez dé solidez y permanencia al gobierno democrático. Ahora, a fines del siglo XX y para el siglo XXI, estos bastiones requieren el refuerzo de tres corrientes de gran importancia para el desarrollo dela democracia: desconcentración, descentralización y esquemas de incentivos.

Desconcentración, descentralización incentivos


Hay tareas que por su propia naturaleza requieren una forma de decisión centralizada. En ellas la posibilidad de participación verdadera es muy limitada, como por ejemplo, las relaciones diplomáticas o la adopción de reglas constitucionales. En estos casos en que la toma de decisiones es centralizada cabe la desconcentración: cabe que la ejecución de las decisiones centralizadas se ejecute descentralizadamente. Así por ejemplo, en las relaciones diplomáticas se atribuyen esferas de competencia a las embajadas, a través de las cuales se lleva a cabo en una forma desconcentrada la toma centralizada de decisiones no participativas. Este es un primer elemento de avance en desarrollo de nuestras instituciones

La segunda es mucho más importante y creativa y nos lleva a una verdadera vigencia de la participación colaboradora; la descentralización. En este caso se transfiere a entes independiente la posibilidad de tomar las decisiones dentro de un marco general de competencias. Aquí ya podemos hacer que sean las personas directamente interesadas en los efectos de esas medidas las que las tomen.

La tercera es la búsqueda de establecer esquemas que permitan un proceso de retribución a quienes laboran en el sector público, que esté relacionado con medidas objetivas del éxito de sus tareas inmediatas.

Democracia, participación colaboradora y planificación


Evidentemente existe un enfrentamiento entre participación colaboradora y planificación centralizada. Es un error creer que se puede a la vez desarrollar un Estado descentralizado donde el ámbito de la participación colaboradora sea amplio y mantener centralizada la planificación. De la incompatibilidad de participación competitiva y de planificación centralizada nos dimos cuenta en las sociedades occidentales hace ya muchos años, pero no es sino en las últimas décadas que nos hemos empezado a plantear el tema en el campo de las decisiones gubernamentales.(16)

Si se desea atribuir poder de toma de decisiones a muchos entes descentralizados, no cabe imponerles esas decisiones. La centralización absolutista es contraria a la participación y al principio de subsidariedad.

¿ Y la coordinación? Ella se debe realizar fundamentalmente mediante el diseño de las instituciones con asignación específica de competencias de modo que se eviten la duplicación, el despilfarro y el enfrentamiento. Con reglas generales, a las cuales deben someterse los entes públicos. Con promoción del voluntariado y las asociaciones libres y con una disminución de las esferas de acción estatal a las cuales no se les debe otorgar poderes de monopolio salvo en el manejo de la coacción y en la determinación de las reglas generales.

Con estos mecanismos y a través de experimentación, se logrará evolucionar hacia una mejor coordinación de acciones descentralizadas de participación colaboradora.

Para ello es imprescindible alentar la descentralización, el esfuerzo propio y el voluntariado, para disminuir los efectos del dirigismo (paternalista, proteccionista, partidista o clientelista, según el caso) y la burocratización.

La incompatibilidad de participación colaboradora y planificación central no quiere decir que no hay campo para un ente nacional de planificación. Pero ese ente se convierte, en el campo del sector público, en algo muy parecido a los que debe ser en el sector privado o sea, es un ente que recoge información de decisiones tomadas y previsibles de los entes descentralizados, los pone en perspectiva, los une y da información a toda la sociedad de cuál es el previsible resultado de esa acción en cuanto a algunas grandes variables y, con relación a esa información que une esfuerzos independientes, propone a la sociedad ciertas políticas respecto a las normas constitucionales, a los arreglos institucionales, a las variables macroeconómicas, a las decisiones generales que deben ser tomadas centralizadamente.

Esta es una concepción muy distinta de la planificación en forma centralizada para el propio gobierno. Cuando en Costa Rica se hizo el plan de desarrollo económico para el período 69-73, la metodología que seguimos fue la de prever cómo iban a ir evolucionando ciertas variables para, dentro de esta previsión, determinar cuáles eran los posibles resultados para otras variables en un modelo simple de variables agregadas como producción, inversión privada, exportaciones, empleo y capital. Así, partiendo de posibles acciones individuales, se determinaban para unas pocas variables instrumentales los valores que deberían tener para llegar a ciertas metas agregadas posibles.

Los aspectos políticos y jurídicos del sistema democrático, así como los valores éticos implícitos en su funcionamiento, constituyen, como es lógico, una dimensión particular del orden social. En este capítulo los hemos analizado con algún detalle; sin embargo, conviene ahondar en el funcionamiento del sistema económico de la economía social de mercado, con el fin de aclarar aún más la íntima relación que une a la democracia política, con la economía de mercado y con la ética de la libertad

Capítulo III
Ajuste estructural y liberación económica
Producción y eficiencia
En los años veinte un economista inglés, Lionel Robbins,(17) señaló que la economía era el estudio de la acción humana que pretendía la satisfacción de necesidades múltiples y jerarquizables con el uso de medios limitados y versátiles. Con esta concepción, podemos eliminar algunos prejuicios, que a menudo afloran, respecto al ajuste estructural y a otros temas económicos, y que surgen de considerar que economía es producción. Eso es falso. La producción interesa en tanto sirva para permitir el consumo, en tanto permita satisfacer necesidades humanas frente a las cuales se evalúa.

De la misma manera las exportaciones sólo son importantes para el desarrollo de los pueblos porque les permiten importar bienes y servicios y así, alcanzar mayor satisfacción de necesidades.

Caso similar ocurre frente al concepto de eficiencia. Para la política económica, la eficiencia es un medio, no un fin. Por eficiencia en producción entendemos la producción de la mayor cantidad de bienes y servicios, con un conjunto dado de factores productivos, y ella es importante, sólo por cuanto más bienes y servicios permiten satisfacer una mayor cantidad de necesidades.

Una producción eficiente se mide, en consecuencia, tanto por la capacidad de satisfacer necesidades, como por la cantidad de factores productivos destinados a ella. Para poder evaluar el tamaño de la producción se hace necesario establecer su relación con las necesidades satisfechas.

El valor de la producción depende directamente de la importancia relativa de necesidades satisfechas y de su magnitud. Asimismo, el costo de los factores productivos depende indirectamente de esas mismas circunstancias, a través del concepto de costo de oportunidad, que nos hace valorar los factores productivos empleados en una determinada producción, con base en el valor de las producciones alternativas de bienes y servicios que dejamos de producir, al dar un uso específico al conjunto de esos factores productivos. Por ello, la tecnología como condicionante de las posibilidades productivas, la limitación determinada por la dotación de factores, cada persona y la cultura misma, por medio de la jerarquización de las necesidades, determinan los valores relativos de las cosas.

Mediante el intercambio, esos valores se transforman en precios relativos, que cumplen el doble papel de resultados de las acciones humanas que sintetizan el conocimiento actual, y que permiten evaluar alternativas de acción de señales para elaborar los planes económicos individuales y para guiar la acción humana, con plena utilización del conocimiento, hacia el descubrimiento de uno mayor.

El mercado es un mecanismo espontáneo que surge de la intersección de los planes económicos individuales mediante el intercambio y el establecimiento de ese sistema de precios, y que permite la coordinación de esos planes económicos individuales.

En el mercado de competencia, como realidad histórica y no como paradigma, las instituciones de la propiedad privada, de la libre contratación y de libertad de asociación, permiten que la acción racional de unos cuantos obligados por la competencia, y la irritación de esa acción racional por los más, conduzcan a alcanzar las siguientes ventajas que ningún otro sistema productivo ha alcanzado:

"Primero: se produce todo lo que alguien sepa producir y vender rentablemente a un precio al que los compradores lo preferirán a otras alternativas; segundo: todo lo que se produce por personas que lo puedan hacer al menos tan barato como lo podrían producir quienes no lo están produciendo; y , tercero: todo se vende a precios no mayores a los que lo0 podrían vender quienes lo podrían producir y no lo hacen".(18)

Estos tres logros se alcanzan en un mercado de competencia, porque como lo ha señalado el propio Hayek, la competencia es un proceso de descubrimiento. "La competencia no es simplemente el único método conocido para utilizar el conocimiento y las habilidades de otros, sino que es también el método por el cual todos hemos sido guiados a adquirir buena parte del conocimiento y las habilidades que tenemos. Esto no es entendido por aquellos que mantienen que le argumento en favor de la competencia descansa en el supuesto de conducta racional por parte de quienes en ella interviene. Pero la conducta racional no es una premisa de la teoría económica aunque a menudo se presente así. La afirmación básica de la teoría es más bien que la competencia hace necesario que la gente actúe racionalmente, a fin de poder mantenerse en posición de competir. No se basa en el supuesto de que la mayoría de los participantes en el mercado son racionales, sino al contrario, en el supuesto de que en general será mediante la competencia que unos pocos individuos, relativamente más racionales, harán necesario al resto imitarlos para triunfar. En una sociedad en la cual la conducta racional otorga ventajas a los individuos, los métodos racionales serán desarrollados progresivamente y se difundirán por la imitación".(19)

Orden y constitución económica


"Tanto si se trata de la economía en el antiguo Egipto, o en la Roma de Augusto, o en la Francia de la plena Edad Media, o en la Alemania actual, o en cualquier otro tiempo y lugar, todo plan económico emprendido por campesino, señor feudal, trabajador o cualquier otra persona, nace siempre en el marco de un orden económico y sólo tiene sentido dentro del marco de su orden correspondiente. El proceso económico siempre y en todo lugar se desarrolla dentro de un orden económico históricamente dado. Tales órdenes positivos podrán ser malos, pero sin un orden, es completamente imposible que tenga lugar lo económico".(20)

Los dos tipos opuestos del orden económico son el de la dirección central y el de mercado.

En el primero, un centro único de decisión define las necesidades y su jerarquía y asigna los recursos a su obtención. El propio plan económico coordina las acciones de diversas personas y el uso de los distintos recursos para alcanzar sus objetivos. En el orden económico del mercado existen múltiples planes individuales económicos y la coordinación de esos planes surge, y hace surgir, el sistema de precios, mediante el intercambio. Pero en este orden del mercado se pueden dar distintas configuraciones, según se den distintos grados de participación de monopolios y oligopolios de oferta y de demanda, y según organice su expresión jurídica el Estado, en lo tocante a la producción, el consumo y la distribución.

"En la economía moderna, resulta necesaria la acción del Estado para implantar el orden económico de la libertad; esto es, la acción positiva del Gobierno para defender y perfeccionar el sistema de al competencia, mediante le establecimiento de normas jurídicas que impidan la coacción y el uso de la fuerza por particulares, empresas o entes públicos, que pudieran recurrir a ella con el propósito de impedir que otros obtengan buen éxito con sus actividades.

Esta protección general del orden económico, entendiendo éste como el marco jurídico e histórico en el cual se va realizando el proceso productivo, construye la acción estatal de mayor importancia para impedir las causas de marginalidad que, en mucho, se origina en cierre de vías, de opciones y posibilidades de realización para los grupos sociales".

El conjunto de normas que enmarcan la acción del Estado y de los particulares en el proceso productivo y que, consecuentemente, pretende conformar un orden económico, es llamado "constitución económica" por Walter Eucken, quien dio origen a la economía social de mercado con su escuela ordo-liberal, de Friburgo. La constitución económica es una decisión de confirmar el marco general (orden) en el que se desenvuelve la vida económica. Eucken nos señaló: "…la gran tarea de la era actual consiste en dar a esta economía nueva e industrializada un orden duradero capaz de funcionar y digno del hombre". "…La economía de be iniciar mediante el trabajo intelectual, la creación de una constitución económica para toda la economía moderna".(21)

Claro está que no se trata de centralizar las decisiones respecto a los casos concretos, ni tampoco, de diseñar la totalidad de la sociedad y sus instituciones con la arrogancia de la ingeniería social, propia de los Constructivistas. De lo que se trata es de que se adopten a las condiciones con los desarrollos espontáneos creados en cada sociedad, y que permitan que surja el sistema de competencia, en el cual florezcan las iniciativas libres y los procesos de descubrimiento e imitación que llevan al perfeccionamiento de las prácticas sociales, por la perduración de las instituciones más eficientes.

El problema total de la dirección de la economía industrializada tiene que estar al principio: es decir, en el enorme e inabarcable proceso económico diario sumamente interrelacionado y el entrelazamiento del orden económico con los órdenes del Estado de Derecho y de la sociedad. Aquí comienza el único camino que le queda a la política de ordenación: ésta intenta estructurar las formas de la economía o bien, influir las condiciones bajo las que surgen aquellas.

Ahora bien, dichas formas dejan en libertad los planes y actividades de los hogares y empresas. ¿Cómo es esto posible? No por cierto experimentando con arreglo a algunas ocurrencias; la actividad de la política de ordenación económica tiene lugar de acuerdo al conocimiento de las distintas estructuras, de las relaciones del proceso económico y de la interdependencia de los órdenes".(22)

Con esta terminología podemos definir los procesos de ajuste económico de fines del siglo XX, como el establecimiento de una constitución económica para que surja el orden de la competencia. Esto es igualmente necesario, en el paso de una económica centralizada a un orden de mercado, como en la eliminación de distorsiones producidas por una aberrante intervención estatal.

El afán de políticos y gobernantes de alcanzar objetivos específicos, el deseo de quienes han alcanzado éxito o bien de conservarlo con independencia de su cond